Géza Vermes y «Jesús el judío»: el historiador que devolvió a Jesús a su pueblo

En 1973, un profesor de Oxford publicó un libro con un título que hoy parece evidente pero que entonces sonaba casi a provocación: Jesus the Jew, «Jesús el judío». Su autor, Géza Vermes, tenía una biografía tan extraordinaria como su tesis. Nacido en una familia judía de Hungría convertida al catolicismo, sobrevivió al Holocausto en el que murieron sus padres, se hizo sacerdote católico, fue uno de los primeros estudiosos de los manuscritos del mar Muerto, abandonó la Iglesia y volvió a abrazar su identidad judía. Y dedicó el resto de su vida a devolver a Jesús a su pueblo.

Este artículo cierra, en cierto modo, el silo sobre la helenización del cristianismo primitivo. Si los demás artículos explican cómo Jesús fue perdiendo su identidad judía en la memoria cristiana a lo largo de los siglos, este cuenta cómo la investigación histórica del siglo XX empezó a recuperarla. Y en ese proceso, pocos nombres son tan importantes como el de Vermes.

Su gran idea puede resumirse en una imagen sorprendente: para entender a Jesús, decía Vermes, no hay que compararlo con los filósofos griegos ni con los dogmas de los concilios, sino con figuras como Honi el Trazador de Círculos o Janina ben Dosa, dos hombres santos judíos de Galilea y Judea, famosos por sus milagros y por su relación íntima con Dios, a quienes la tradición rabínica recordaba con admiración. Jesús, en la propuesta de Vermes, no era una anomalía dentro del judaísmo, sino uno de sus tipos religiosos más reconocibles.

Respuesta breve: Géza Vermes (1924-2013) fue un historiador judío de origen húngaro, profesor en la Universidad de Oxford, especialista en los manuscritos del mar Muerto y pionero en el estudio de Jesús en su contexto judío. Su libro Jesús el judío (1973) presentó a Jesús como un hasid galileo, un hombre santo carismático comparable a Honi y Janina ben Dosa, y contribuyó decisivamente a lo que se conoce como la «tercera búsqueda» del Jesús histórico.

Una vida marcada por el siglo XX

Géza Vermes nació el 22 de junio de 1924 en Makó, una pequeña ciudad del sureste de Hungría, en una familia judía culta y asimilada. Su padre era periodista. En 1931, cuando Géza tenía siete años, la familia se convirtió al catolicismo, una decisión frecuente en la Hungría de entreguerras ante el crecimiento del antisemitismo. La conversión no los protegió. En 1944, sus padres fueron deportados y asesinados durante el Holocausto. Géza sobrevivió escondido, en parte gracias a su condición de seminarista.

Tras la guerra, ingresó en la Congregación de Nuestra Señora de Sion, una orden católica fundada en el siglo XIX con la misión de convertir a los judíos, y se ordenó sacerdote. Estudió en la Universidad Católica de Lovaina, en Bélgica, donde se doctoró en 1953 con una de las primeras tesis sobre los manuscritos del mar Muerto, descubiertos pocos años antes en las cuevas de Qumrán. A partir de entonces, los textos de Qumrán y el judaísmo del Segundo Templo se convirtieron en el centro de su vida intelectual.

En 1957 abandonó el sacerdocio y la Iglesia católica, y poco después se casó con Pamela Hobson. Se instaló en Inglaterra, donde enseñó primero en Newcastle y, a partir de 1965, en la Universidad de Oxford, donde fue lector y luego profesor de Estudios Judíos hasta su jubilación en 1991. Con el tiempo recuperó plenamente su identidad judía. Su autobiografía, titulada Providential Accidents (1998), cuenta esa trayectoria singular. Murió en Oxford el 8 de mayo de 2013.

Los manuscritos del mar Muerto: la puerta al mundo de Jesús

Antes de escribir sobre Jesús, Vermes fue conocido por su trabajo sobre Qumrán. En 1962 publicó The Dead Sea Scrolls in English, una traducción de los principales textos de Qumrán que se convirtió en un clásico y fue reeditada y ampliada durante décadas. Para millones de lectores, fue la primera forma de acceder a esos documentos.

Los manuscritos del mar Muerto revolucionaron el conocimiento del judaísmo del Segundo Templo. Mostraron una enorme diversidad de corrientes, de interpretaciones de la Torá, de expectativas mesiánicas y de prácticas religiosas, un panorama que describimos en nuestro artículo sobre fariseos, saduceos y esenios. Para Vermes, esos textos demostraban que el judaísmo de la época de Jesús era mucho más rico y variado de lo que la teología cristiana tradicional suponía, y que Jesús debía entenderse dentro de esa diversidad.

Vermes participó además, junto con Fergus Millar y Martin Goodman, en la revisión y actualización de la monumental Historia del pueblo judío en la época de Jesucristo de Emil Schürer, una obra de referencia sobre el periodo del judaísmo del Segundo Templo, que incorporó los descubrimientos de Qumrán y la investigación del siglo XX.

Jesús el judío (1973): el libro que cambió la conversación

En 1973 apareció Jesus the Jew: A Historian’s Reading of the Gospels, publicado en español como Jesús el judío. El planteamiento era claro desde el subtítulo: una lectura de los evangelios hecha por un historiador, no por un teólogo. Vermes no pretendía decir si Jesús era el Hijo de Dios en el sentido de los concilios, sino quién fue en su contexto histórico, utilizando como herramienta de comparación las fuentes judías de la época: los textos de Qumrán, los escritos de Flavio Josefo y la literatura rabínica, el Targum y la Misná.

Su conclusión fue que Jesús pertenecía a un tipo religioso conocido en el judaísmo galileo del siglo I: el hasid carismático, un hombre santo con una relación íntima con Dios, al que se atribuían curaciones y milagros, poco interesado en las discusiones legales detalladas y más centrado en la oración, la confianza en Dios y la ética. Este Jesús no era un revolucionario contra el judaísmo ni un fundador de una nueva religión, sino un judío piadoso y carismático cuya figura fue después reinterpretada por la Iglesia.

El libro tuvo un enorme impacto en el mundo académico y entre el público general. No porque fuera el primero en afirmar que Jesús era judío, algo que nadie discutía en teoría, sino porque fue el primero en tomarse en serio, de forma sistemática, las consecuencias de esa afirmación, comparando a Jesús con figuras concretas del judaísmo de su tiempo.

Honi y Janina ben Dosa: los hombres santos de Galilea

El corazón de la propuesta de Vermes es la comparación con dos personajes de la tradición rabínica. El primero es Honi, llamado ha-Meaguel, «el Trazador de Círculos», que vivió en el siglo I a.C. Según la Misná (Taanit 3:8), durante una sequía Honi trazó un círculo en el suelo, se colocó dentro y dijo a Dios que no saldría de él hasta que lloviera. La lluvia llegó. El sabio Simeón ben Shetaj comentó que, si no fuera Honi, lo habría excomulgado, pero que Honi se comportaba ante Dios como un hijo mimado ante su padre, que le concede lo que pide. Flavio Josefo también menciona a Honi, al que llama Onías, como un hombre justo cuyas oraciones atraían la lluvia.

El segundo es Janina ben Dosa, un sabio galileo del siglo I, contemporáneo aproximado de Jesús, originario de Arav, cerca de Séforis. La literatura rabínica le atribuye numerosos milagros y curaciones. El Talmud (Berajot 34b) cuenta que curó a distancia al hijo de Rabán Gamaliel: tras orar, anunció a los enviados que la fiebre había dejado al muchacho, y estos comprobaron después que la curación se había producido en ese mismo momento. El paralelo con la curación a distancia del hijo de un funcionario en Juan 4:46-53 es evidente.

Para Vermes, estos personajes muestran que había en Galilea una tradición de piedad carismática, con hombres santos que se dirigían a Dios con familiaridad filial, obraban curaciones y gozaban de prestigio popular, aunque a veces despertaran recelo entre los maestros de la Ley. Jesús, que llamaba a Dios Abba, encajaba en ese perfil.

El «Hijo del Hombre» y otros títulos de Jesús

Otra contribución importante de Vermes fue su análisis lingüístico de los títulos de Jesús, a partir de su conocimiento del arameo. Su estudio más discutido se refiere a la expresión «Hijo del Hombre», que en los evangelios aparece casi exclusivamente en boca de Jesús. Vermes sostuvo que, en arameo galileo, la expresión bar nash o bar enash («hijo de hombre») podía usarse como una forma indirecta de decir «yo», una especie de circunloquio para hablar de uno mismo con modestia o discreción.

Si tenía razón, muchas frases de Jesús que la tradición posterior leyó como títulos mesiánicos o divinos serían, en origen, maneras habituales de hablar en arameo. La propuesta generó un intenso debate entre especialistas, y muchos la consideran solo parcialmente convincente, pero obligó a leer los títulos de Jesús desde la lengua que él hablaba, algo que explicamos en qué idioma hablaba Jesús y en las palabras arameas del Nuevo Testamento.

Vermes analizó también los títulos «Señor», «Mesías» e «Hijo de Dios», mostrando que en el judaísmo de la época tenían significados muy diferentes de los que adquirieron en la teología cristiana posterior. «Hijo de Dios», por ejemplo, podía aplicarse a Israel, al rey o a un hombre justo, sin implicar divinidad en el sentido del Concilio de Nicea. En esto, su obra se conecta directamente con el proceso que estudiamos en el Logos de Juan 1:1.

La trilogía y las obras posteriores

Jesús el judío fue el primer volumen de una serie. En 1983 publicó Jesus and the World of Judaism, y en 1993 The Religion of Jesus the Jew, en el que pasaba de la pregunta «¿quién era Jesús?» a la pregunta «¿cuál era la religión de Jesús?». Su respuesta era que Jesús practicaba y enseñaba un judaísmo centrado en la Torá, la oración y la confianza en Dios, y que su mensaje sobre el Reino de Dios era una exhortación a la conversión interior en la espera del fin de los tiempos.

En The Changing Faces of Jesus (2000), publicado en español como Las varias caras de Jesús, Vermes recorrió el Nuevo Testamento en orden inverso, empezando por el Evangelio de Juan y terminando en los sinópticos, para mostrar cómo la imagen de Jesús se fue transformando desde el maestro carismático galileo hasta el Logos eterno. Es, en esencia, una historia de la helenización de Jesús contada desde dentro de los textos, el mismo proceso que analizamos en el pilar de este silo.

Más tarde escribió libros sobre la Pasión, la Navidad y la Resurrección, y en 2012, ya con 87 años, publicó Christian Beginnings: From Nazareth to Nicaea, una síntesis de cómo el movimiento de Jesús evolucionó desde Galilea hasta el Concilio de Nicea. El título resume el recorrido completo que estudiamos en este sitio.

Los precursores: la investigación judía sobre Jesús

Vermes no partía de cero. Ya en el siglo XIX, intelectuales judíos como Abraham Geiger o Heinrich Graetz habían situado a Jesús dentro del judaísmo de su tiempo, en algunos casos vinculándolo con los fariseos. A comienzos del siglo XX, el británico Claude Montefiore escribió comentarios sobre los evangelios desde una perspectiva judía liberal.

En 1922, el historiador Joseph Klausner publicó en hebreo Yeshu ha-Notsri, «Jesús de Nazaret», el primer gran estudio sobre Jesús escrito en hebreo moderno. Klausner presentaba a Jesús como un judío que nunca dejó de serlo, aunque consideraba que su enseñanza contenía elementos que podían llevar fuera del judaísmo. Más tarde, el filósofo Martin Buber llamó a Jesús su «gran hermano», el escritor Schalom Ben-Chorin escribió Hermano Jesús (1967) y el historiador David Flusser, profesor en la Universidad Hebrea de Jerusalén, publicó en 1968 una influyente biografía de Jesús que lo situaba en el marco de la literatura rabínica y de Qumrán.

La aportación específica de Vermes fue doble: el rigor de su método histórico-comparativo y la enorme difusión de su obra en el mundo anglosajón, que hizo que la expresión «Jesús el judío» pasara de la academia al gran público.

La tercera búsqueda del Jesús histórico

La investigación moderna sobre Jesús suele dividirse en tres etapas. La primera búsqueda, en los siglos XVIII y XIX, intentó reconstruir la vida de Jesús con criterios racionalistas, desde Reimarus hasta los «vidas de Jesús» liberales, y fue clausurada simbólicamente por Albert Schweitzer en 1906. La segunda, iniciada en 1953 por Ernst Käsemann, buscó un núcleo histórico fiable en los evangelios con criterios rigurosos. La tercera, que el estudioso N. T. Wright bautizó en 1988 como Third Quest, se caracteriza precisamente por situar a Jesús en su contexto judío.

Vermes es considerado uno de los iniciadores de esta tercera búsqueda. Tras él vinieron E. P. Sanders con Jesus and Judaism (1985), John P. Meier con su monumental Un judío marginal, Paula Fredriksen, Amy-Jill Levine y muchos otros. Aunque sus conclusiones difieren, todos comparten el principio que Vermes defendió: no se puede entender a Jesús sin el judaísmo de su tiempo. Este enfoque es el que inspira artículos como Jesús, maestro judío de la Torá o las parábolas de Jesús y la tradición rabínica.

Críticas y límites de la propuesta de Vermes

Como toda obra pionera, la de Vermes recibió críticas importantes. La más frecuente se refiere al uso de la literatura rabínica: la Misná se redactó hacia el año 200, y el Talmud siglos después, por lo que no es seguro que las historias sobre Honi o Janina ben Dosa reflejen fielmente el siglo I. Vermes era consciente del problema, pero muchos especialistas consideran que su categoría de «hasid galileo» es demasiado difusa y que no está claro que existiera como tipo religioso definido.

Otros críticos, como Sanders o Meier, señalaron que el Jesús de Vermes resultaba algo apolítico y que prestaba poca atención a la dimensión escatológica y profética de su mensaje, así como a los conflictos en torno al Templo que llevaron a su muerte. También se discutió su lectura del «Hijo del Hombre». Hay especialistas cristianos que objetaron, además, que su método dejaba fuera por principio cualquier dimensión teológica.

Pero incluso sus críticos reconocen que Vermes cambió las reglas del juego. Después de él, ya no era posible escribir sobre Jesús ignorando el judaísmo del Segundo Templo, ni presentar a los fariseos como caricatura, ni hablar de la «religión de Jesús» como algo distinto del judaísmo.

Vermes, Nostra Aetate y el cambio en las iglesias

La obra de Vermes coincidió con un cambio profundo en las relaciones entre judíos y cristianos. En 1965, el Concilio Vaticano II aprobó la declaración Nostra Aetate, que reconocía las raíces judías de la Iglesia y rechazaba la acusación colectiva de deicidio. Resulta llamativo que la orden en la que Vermes había sido sacerdote, la Congregación de Nuestra Señora de Sion, participara activamente en esa revisión y abandonara después su objetivo de convertir a los judíos para dedicarse al diálogo y al estudio del judaísmo.

La investigación histórica representada por Vermes y la revisión teológica de las iglesias se reforzaron mutuamente. La primera proporcionó datos; la segunda, voluntad de escucharlos. Juntas contribuyeron a desmontar siglos de teología del reemplazo y a corregir la imagen de un Jesús enfrentado a su pueblo, también en su representación visual, como explicamos en cómo era Jesús físicamente.

El legado de Géza Vermes

Cuando Vermes murió en 2013, la expresión «Jesús el judío» se había convertido en un lugar común en la investigación. Hoy pocos especialistas discuten que Jesús debe entenderse como un judío del Segundo Templo, que guardaba el Shabat, celebraba las fiestas, enseñaba la Torá y rezaba como judío, aspectos que desarrollamos en Jesús y el Shabat y en las fiestas judías en la vida de Jesús. Ese consenso no es solo obra de Vermes, pero él fue una de sus voces más claras.

Su vida misma es un símbolo del recorrido que estudiamos en este silo: un judío convertido al cristianismo que, a través del estudio histórico, redescubrió que el propio Jesús nunca dejó de ser judío. Vermes recorrió en una sola biografía el camino de vuelta que el cristianismo tardó siglos en emprender.

Otra voz para seguir leyendo sobre el Jesús judío

Si la obra de Vermes te ha interesado, en español contamos también con autores que han dedicado su trabajo a esta misma recuperación. Entre ellos, Mario Sabán, con su libro El judaísmo de Jesús, que aborda la figura de Jesús desde la tradición judía con un enfoque complementario al de Vermes, más centrado en las fuentes rabínicas y en la herencia espiritual del judaísmo.

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Preguntas frecuentes sobre Géza Vermes

¿Quién fue Géza Vermes?

Fue un historiador judío nacido en Hungría en 1924 y fallecido en Oxford en 2013, profesor de Estudios Judíos en la Universidad de Oxford, especialista en los manuscritos del mar Muerto y autor de Jesús el judío (1973), una obra clave en el estudio del Jesús histórico.

¿Qué dice el libro Jesús el judío?

Sostiene que Jesús debe entenderse como un hasid galileo, un hombre santo carismático del judaísmo del siglo I, comparable a figuras como Honi el Trazador de Círculos y Janina ben Dosa, y que los títulos que la tradición le atribuyó tenían en su origen un significado judío distinto del que adquirieron después.

¿Géza Vermes fue sacerdote?

Sí. Su familia judía se convirtió al catolicismo cuando él era niño y llegó a ser sacerdote de la Congregación de Nuestra Señora de Sion. Abandonó la Iglesia en 1957 y recuperó después su identidad judía.

¿Qué es la tercera búsqueda del Jesús histórico?

Es la etapa de la investigación sobre Jesús iniciada en los años setenta y ochenta del siglo XX, caracterizada por estudiar a Jesús en el contexto del judaísmo del Segundo Templo. Vermes es considerado uno de sus pioneros.

¿Quiénes fueron Honi y Janina ben Dosa?

Dos hombres santos judíos recordados por la tradición rabínica por sus milagros y su oración eficaz: Honi, del siglo I a.C., famoso por hacer llover, y Janina ben Dosa, galileo del siglo I, conocido por sus curaciones.

Conclusión: el historiador que devolvió a Jesús a su pueblo

Géza Vermes vivió en carne propia las tragedias y las paradojas del siglo XX, y dedicó su vida a una tarea de recuperación histórica: devolver a Jesús al judaísmo del que la memoria cristiana lo había ido separando. Con el estudio de Qumrán, la comparación con los hombres santos de Galilea y el análisis del arameo, mostró que Jesús no era una excepción en su mundo, sino una de sus expresiones más luminosas. Sus tesis concretas pueden discutirse, pero su principio ha quedado firme: para conocer a Jesús hay que conocer el judaísmo. Ese es, precisamente, el propósito de este sitio.

Para cerrar este recorrido, vuelve al pilar sobre cómo Jesús dejó de ser judío en la memoria cristiana o comienza por el principio de la historia con los primeros cristianos y «el Camino».

Fuentes y lecturas

  • Géza Vermes, Jesús el judío (1973).
  • Géza Vermes, The Religion of Jesus the Jew (1993).
  • Géza Vermes, Las varias caras de Jesús (2000).
  • Géza Vermes, Providential Accidents: An Autobiography (1998).
  • Misná, Taanit 3:8; Talmud de Babilonia, Berajot 34b.
  • Joseph Klausner, Jesús de Nazaret (1922).
  • David Flusser, Jesús en sus palabras y su tiempo.

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