El calendario judío en tiempos de Jesús: lunas, testigos y fiestas

En tiempos de Jesús, nadie en Galilea sabía con certeza qué día empezaba el mes hasta que alguien en Jerusalén veía la luna. Literalmente. El calendario judío en tiempos de Jesús no estaba impreso en ningún almanaque: dependía de testigos que observaban el cielo al atardecer, de un tribunal que los interrogaba y de una cadena de hogueras encendidas en lo alto de los montes para avisar a las comunidades lejanas. El día exacto de Pésaj, de Sucot o de Yom Kipur se decidía, cada año, a partir de lo que unos ojos humanos habían visto en el horizonte.

Este detalle, que parece técnico, cambia la manera de leer los evangelios. Cuando el texto dice que Jesús subió a Jerusalén para una fiesta, que murió en la víspera de un Shabat o que resucitó «el primer día de la semana», está usando un sistema de medir el tiempo muy distinto del nuestro. El día no empezaba a medianoche, sino al ponerse el sol. El año no empezaba en enero. Y había grupos judíos que ni siquiera estaban de acuerdo sobre qué calendario debía seguirse.

Aquí está lo que convierte el calendario en una clave para entender al Jesús histórico: el desacuerdo sobre fechas no era un asunto menor. En el siglo I, discutir sobre el calendario era discutir sobre la manera correcta de servir a Dios. Una de las comunidades judías más conocidas de la época, la de Qumrán, celebraba sus fiestas en días distintos a los del Templo de Jerusalén. En este artículo vas a descubrir cómo funcionaba el calendario hebreo en el siglo I, cómo se medían los días, las semanas, los meses y los años, y por qué conocerlo ilumina tantos pasajes del Nuevo Testamento.

Este artículo forma parte de la guía sobre las fiestas judías en la vida de Jesús, donde se presenta el ciclo anual que organizaba su vida religiosa.

Un calendario lunisolar: la luna y el sol a la vez

La primera característica del calendario judío es que combina dos ciclos que no encajan entre sí. Los meses siguen la luna: cada mes empieza con la luna nueva y dura veintinueve o treinta días. Pero las fiestas están ligadas a las estaciones agrícolas, que dependen del sol. Pésaj debe caer en primavera, en el tiempo de la cebada nueva; Sucot, en otoño, al terminar la recolección.

El problema es aritmético. Doce meses lunares suman unos 354 días, mientras que el año solar tiene unos 365. Si no se corrigiera la diferencia, las fiestas irían retrocediendo once días cada año y, con el tiempo, Pésaj acabaría cayendo en invierno o en otoño. Es exactamente lo que ocurre con el calendario islámico, que es puramente lunar.

La solución judía consiste en añadir, aproximadamente siete veces en cada ciclo de diecinueve años, un mes extra: un segundo mes de Adar, llamado Adar Sheni. Los años con trece meses se llaman «embolismales» o, en hebreo, años meubarot, «preñados». En la actualidad, este ciclo está fijado matemáticamente; pero en tiempos de Jesús no era así.

El mes empezaba con unos testigos

La Mishná, la gran recopilación de la ley oral redactada hacia el año 200, conserva en el tratado de Rosh Hashaná una descripción detallada de cómo se fijaba el inicio de cada mes cuando existía el Templo. Aunque fue puesta por escrito después de la época de Jesús, refleja en gran medida prácticas del período del Segundo Templo.

Los testigos de la luna nueva

Al anochecer del día veintinueve de cada mes, quienes habían visto la primera franja de la luna nueva podían presentarse ante el tribunal en Jerusalén. Los jueces los interrogaban por separado: ¿dónde estaba la luna, hacia dónde apuntaba su curva, qué altura tenía, qué anchura? (Mishná Rosh Hashaná 2:6). La Mishná cuenta que el tribunal tenía incluso dibujos de las fases de la luna para comparar las declaraciones de los testigos (Rosh Hashaná 2:8).

Si el testimonio era aceptado, el tribunal proclamaba: Mekudash, «¡Santificado!», y ese día era el primero del nuevo mes, llamado Rosh Jódesh, «cabeza del mes». Si nadie venía a testificar, el mes anterior se completaba con treinta días.

Era tan importante que los testigos llegaran a Jerusalén que la Mishná les permite viajar incluso en Shabat para declarar sobre las lunas nuevas de Nisán y de Tishrei, de las que dependían las grandes fiestas (Rosh Hashaná 1:4). La santificación del tiempo estaba por encima del descanso.

Las hogueras en los montes

¿Cómo se enteraban las comunidades lejanas de que había empezado un nuevo mes? La Mishná describe un sistema de señales de fuego: desde el Monte de los Olivos se agitaban antorchas largas, de un lado a otro, y desde allí la señal pasaba de cumbre en cumbre hasta llegar a Babilonia (Rosh Hashaná 2:2-4). Más tarde, según la misma Mishná, las hogueras fueron sustituidas por mensajeros, porque algunos opositores encendían fuegos falsos para confundir a la población.

Este sistema tenía una consecuencia práctica: las comunidades que vivían lejos de Jerusalén no siempre sabían a tiempo cuál era el día exacto de la fiesta. Por eso, en la diáspora, se instauró la costumbre de celebrar dos días en lugar de uno en varias festividades, costumbre que muchas comunidades fuera de Israel mantienen hasta hoy.

¿Quién decidía el año bisiesto?

La decisión de añadir un segundo mes de Adar también correspondía al tribunal. El Talmud recoge los criterios: si la cebada no estaba suficientemente madura para la ofrenda del Ómer en Pésaj, si los frutos de los árboles no habían brotado o si el equinoccio de primavera iba a caer demasiado tarde (Sanedrín 11b). La ley exigía que Pésaj cayera en jódesh haaviv, «el mes de la espiga» (Deuteronomio 16:1).

El mismo pasaje del Talmud conserva una carta atribuida a Rabán Gamaliel, escrita desde la escalinata del monte del Templo. Muchos estudiosos la relacionan con Gamaliel el Anciano, el maestro fariseo que aparece en el libro de los Hechos (5:34) como miembro respetado del Sanedrín y maestro de Pablo (Hechos 22:3). En ella anuncia a las comunidades de Galilea y de la diáspora que «los corderos son tiernos, los pichones son pequeños y la primavera no ha llegado», y que por eso se añade un mes al año. Es un documento fascinante: muestra al Sanedrín de la época de los apóstoles gobernando el calendario de todo el pueblo judío. Puedes saber más sobre esta institución en el artículo sobre el Sanedrín en tiempos de Jesús.

El calendario fijo y calculado que usan hoy las comunidades judías se atribuye por tradición a Hilel II, un patriarca del siglo IV, cuando la persecución hacía cada vez más difícil reunir al tribunal en la tierra de Israel.

El día empezaba al atardecer

En el relato de la Creación, cada día termina con la fórmula: «Y fue la tarde y fue la mañana, día uno» (Génesis 1:5). De ahí procede la costumbre judía de contar el día desde la puesta del sol hasta la siguiente puesta del sol. El Shabat comienza el viernes al anochecer y termina el sábado al anochecer.

Esto explica la prisa que describen los evangelios en el relato de la sepultura de Jesús. Murió por la tarde, y el cuerpo tenía que ser retirado y enterrado antes de que se pusiera el sol, porque al anochecer comenzaba el Shabat. Marcos lo dice explícitamente: «Era el día de la Preparación, es decir, la víspera del Shabat» (Marcos 15:42). La «Preparación», en griego paraskeué, era el nombre del viernes, el día en que se preparaba todo lo necesario para el día de descanso.

Las horas del día

Las horas tampoco se contaban como hoy. El día, desde el amanecer hasta el anochecer, se dividía en doce horas, cuya duración variaba según la estación. La «hora tercera» era a media mañana; la «hora sexta», hacia el mediodía; la «hora novena», a media tarde. Jesús lo da por sabido en una de sus frases: «¿No tiene el día doce horas?» (Juan 11:9). Por eso Marcos dice que Jesús fue crucificado «a la hora tercera» (Marcos 15:25) y que murió hacia «la hora novena» (Marcos 15:34), en torno al momento de la tarde en que se ofrecía en el Templo el sacrificio vespertino. La noche, por su parte, se dividía en vigilias, a las que Jesús alude en varias parábolas (Marcos 13:35).

La semana: el ritmo del Shabat

La semana de siete días, con el Shabat como culminación, era la columna vertebral del tiempo judío. Los días no tenían nombre propio, sino número: primer día, segundo día, y así hasta el sexto, la Preparación. El séptimo era el Shabat.

Por eso los evangelios dicen que las mujeres fueron al sepulcro «el primer día de la semana» (Mateo 28:1; Marcos 16:2). La expresión griega es, literalmente, «el primero de los sábados» o «el primero después del Shabat», una forma de contar los días a partir del día de descanso. En hebreo moderno los días de la semana siguen llamándose así: yom rishón, «primer día», para el domingo.

El Shabat organizaba la vida religiosa y social. Era el día de la lectura de la Torá en la sinagoga, como cuenta Lucas al describir a Jesús en Nazaret (Lucas 4:16), y el centro de muchas de las discusiones que los evangelios narran. Estos debates se explican en el artículo sobre Jesús y el Shabat, y la vida de la sinagoga, en el artículo sobre la sinagoga en tiempos de Jesús.

Los meses del año y las fiestas

Los nombres de los meses que se usan hoy, Nisán, Iyar, Siván, Tamuz, Av, Elul, Tishrei, Jeshván, Kislev, Tevet, Shevat y Adar, proceden del calendario babilónico. Fueron adoptados por los judíos durante el exilio en Babilonia, en el siglo VI a. e. c. Antes, la Biblia usaba otros nombres, como Aviv, «espiga», o simplemente números: «el primer mes», «el séptimo mes».

Los cuatro años nuevos

Aunque hoy se suele decir que el año judío empieza en Rosh Hashaná, en otoño, la Torá llama a Nisán, el mes de la primavera y de la salida de Egipto, «el primero de los meses del año» (Éxodo 12:2). La Mishná resuelve esta aparente contradicción con una enseñanza sorprendente: hay cuatro años nuevos (Rosh Hashaná 1:1).

  • El 1 de Nisán, año nuevo para los reyes y para las fiestas: a partir de él se cuentan los años de reinado y el orden de las festividades.
  • El 1 de Elul, año nuevo para el diezmo de los animales.
  • El 1 de Tishrei, año nuevo para los años, los años sabáticos y los jubileos. Es el actual Rosh Hashaná.
  • El 1 o el 15 de Shevat, año nuevo para los árboles, según las escuelas de Shamai y de Hilel respectivamente.

El ciclo de las fiestas

A lo largo del año se sucedían las fiestas que ordena la Torá en Levítico 23: Pésaj y los Panes sin Levadura en Nisán; Shavuot, siete semanas después; y en el mes de Tishrei, el día del toque del shofar, Yom Kipur y Sucot. A ellas se añadían fiestas posteriores, como Purim en Adar y Janucá en Kislev, la fiesta que el Evangelio de Juan menciona expresamente, como se explica en el artículo sobre Jesús en la Fiesta de la Dedicación.

Tres de estas fiestas, Pésaj, Shavuot y Sucot, eran fiestas de peregrinación, en las que los judíos subían a Jerusalén. Cómo se vivían esos viajes y qué significaban se explica en el artículo sobre las peregrinaciones a Jerusalén en tiempos de Jesús.

Calendarios en conflicto: Qumrán, los saduceos y los fariseos

Uno de los descubrimientos más interesantes de los manuscritos del Mar Muerto es que no todos los judíos del siglo I seguían el mismo calendario. Algunos de los textos de Qumrán, junto con libros como el de los Jubileos y partes del Primer libro de Henoc, defienden un calendario solar de 364 días, dividido en cuatro trimestres de 91 días.

Este calendario tenía una ventaja teológica para sus defensores: como 364 es divisible por siete, cada fecha caía siempre en el mismo día de la semana, y ninguna fiesta coincidía jamás con el Shabat. Pero también implicaba que la comunidad celebraba las fiestas en días distintos a los del Templo de Jerusalén.

El llamado Péser de Habacuc, un comentario bíblico hallado en Qumrán, cuenta que un personaje al que llama «el Sacerdote Impío» persiguió al «Maestro de Justicia», el líder de la comunidad, en el día de Yom Kipur de este último (1QpHab XI). Muchos estudiosos interpretan que el Sacerdote Impío pudo atacar porque, según su propio calendario, ese día no era Yom Kipur. La diferencia de calendarios no era una discusión académica: podía significar que dos grupos de judíos celebraban el día más santo del año en fechas diferentes.

La fecha de Shavuot

Dentro del propio judaísmo de Jerusalén también había debates. La Torá ordena contar siete semanas «desde el día siguiente al sábado» en que se ofrece la gavilla de la cebada (Levítico 23:15). ¿Qué «sábado»? Los fariseos entendían que se refería al primer día festivo de Pésaj, de modo que la cuenta empezaba siempre el 16 de Nisán. Los boetusianos, un grupo cercano a los saduceos, entendían que se refería al Shabat semanal, de modo que la cuenta empezaba siempre un domingo y Shavuot caía también en domingo. El Talmud recoge esta disputa (Menajot 65a).

Prevaleció la interpretación farisea, que es la del judaísmo actual. Los distintos grupos y sus posiciones se explican en el artículo sobre fariseos, saduceos y esenios.

El calendario en los evangelios: algunas claves

La fecha de la crucifixión

Uno de los problemas más debatidos de la investigación sobre Jesús tiene que ver con el calendario. Los Evangelios sinópticos presentan la Última Cena como la cena de Pésaj, lo que situaría la crucifixión el 15 de Nisán. El Evangelio de Juan, en cambio, dice que los acusadores de Jesús no entraron en el pretorio para no contaminarse y poder comer la Pascua (Juan 18:28), lo que sitúa la crucifixión el 14 de Nisán, la víspera, cuando se sacrificaban los corderos en el Templo.

Algunos estudiosos han propuesto que la diferencia se explica por el uso de calendarios distintos, por ejemplo, que Jesús y sus discípulos siguieran un calendario parecido al de Qumrán. Otros lo consideran poco probable y piensan que cada evangelista organiza los hechos según su propia intención teológica. Lo que la discusión muestra es que, sin conocer el calendario judío, ni siquiera se puede plantear correctamente la pregunta.

Lunas nuevas y sábados

En las cartas de Pablo aparecen referencias directas al calendario judío. La Carta a los Colosenses dice: «Que nadie os juzgue por lo que coméis o bebéis, ni en lo referente a fiestas, lunas nuevas o sábados» (Colosenses 2:16), y la Carta a los Gálatas menciona a quienes guardan «días, meses, estaciones y años» (Gálatas 4:10). Estas frases dan por supuesto que los primeros creyentes, judíos y no judíos, vivían rodeados por el ritmo del calendario hebreo, y que su observancia era un tema de debate en las primeras comunidades.

El año de gracia

Cuando Jesús lee en la sinagoga de Nazaret el pasaje de Isaías, anuncia «un año de gracia del Señor» (Lucas 4:19; Isaías 61:2). La expresión evoca el año jubilar de la Torá (Levítico 25), en el que se liberaba a los esclavos y se devolvían las tierras. Incluso el mensaje de Jesús se formula con el lenguaje del calendario sagrado.

Mitos frecuentes sobre el calendario judío

  • «El año judío empieza en Rosh Hashaná y punto». La Torá llama primer mes a Nisán, y la Mishná habla de cuatro años nuevos con funciones distintas.
  • «El calendario judío siempre fue igual». En tiempos de Jesús se basaba en la observación y en decisiones del tribunal; el calendario calculado actual es posterior.
  • «Todos los judíos celebraban las fiestas el mismo día». Los textos de Qumrán muestran que algunos grupos seguían un calendario distinto.
  • «El domingo es el sábado judío». El Shabat es el séptimo día, del viernes al anochecer al sábado al anochecer. El domingo es «el primer día de la semana».

El calendario judío hoy

El calendario hebreo sigue vivo. Es el calendario oficial religioso del pueblo judío y uno de los calendarios oficiales del Estado de Israel. Los años se cuentan desde la Creación según el cómputo tradicional: el año que comenzó en el otoño de 2026 es el 5787. Cada luna nueva se anuncia en la sinagoga el Shabat anterior con una bendición especial, y muchas comunidades recitan una vez al mes la Kidush Levaná, la bendición de la luna, al aire libre.

Aunque ya no hay testigos que suban a Jerusalén ni hogueras en el Monte de los Olivos, el principio sigue siendo el mismo: el tiempo no es neutro. Se santifica.

Este ritmo sagrado es también el que marcó la vida de Jesús desde su infancia, como se explica en el artículo sobre la educación de un niño judío en tiempos de Jesús. Y el abandono progresivo de este calendario en el cristianismo, con decisiones como la separación de la fecha de la Pascua cristiana de la de Pésaj, forma parte de la historia que se cuenta en cómo Jesús perdió su contexto judío.

Lecturas recomendadas

Para comprender mejor cómo el ritmo de las fiestas, el Shabat y la ley judía daban forma a la vida religiosa de Jesús, te recomendamos el libro de Mario Sabán sobre el judaísmo de Jesús, una obra en español que lee los evangelios desde las fuentes judías y ayuda a situar cada escena en su propio mundo.

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Preguntas frecuentes sobre el calendario judío en tiempos de Jesús

¿Qué calendario usaban los judíos en tiempos de Jesús?

Un calendario lunisolar: los meses comenzaban con la luna nueva, que se fijaba mediante el testimonio de testigos ante el tribunal de Jerusalén, y se añadía un mes extra cuando era necesario para que las fiestas coincidieran con las estaciones. Algunos grupos, como la comunidad de Qumrán, seguían un calendario solar de 364 días.

¿Cuándo empezaba el día para los judíos?

Al ponerse el sol, siguiendo la fórmula del Génesis «y fue la tarde y fue la mañana». Por eso el Shabat comienza el viernes al anochecer, y por eso el cuerpo de Jesús tuvo que ser sepultado antes del atardecer del viernes.

¿Por qué los evangelios dicen «el primer día de la semana»?

Porque en el calendario judío los días de la semana no tenían nombre propio, sino número, contados a partir del Shabat. El «primer día de la semana» corresponde a nuestro domingo.

¿En qué mes empieza el año judío?

Depende del ámbito. La Torá llama primer mes a Nisán, en primavera, y a partir de él se cuentan las fiestas. Pero el año civil y el cómputo de los años comienzan el 1 de Tishrei, en otoño, que es el actual Rosh Hashaná. La Mishná habla de cuatro años nuevos distintos.

Imagina por un momento a una familia de Nazaret esperando noticias de Jerusalén para saber cuándo empieza Pésaj. Imagina las hogueras en los montes, los testigos interrogados por los jueces, la carta de Gamaliel anunciando que la primavera todavía no ha llegado. Así se medía el tiempo en el mundo de Jesús: mirando al cielo, contando los días hasta el Shabat y esperando, cada año, la luna que abría la fiesta. Comprender ese calendario es empezar a vivir los evangelios a su propio ritmo.

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