Cada viernes al atardecer, Jesús de Nazaret, como cualquier judío galileo de su tiempo, dejaba de trabajar para recibir el Shabat, el día que el Génesis presenta como bendecido y santificado por Dios. Hoy, más de dos mil millones de cristianos celebran su día santo un día después. El paso del sábado al domingo es uno de los cambios más visibles de toda la historia religiosa, y uno de los menos explicados: no aparece ordenado en ningún versículo del Nuevo Testamento, se fue produciendo a lo largo de tres siglos y recibió su primer respaldo legal de un emperador romano en el año 321.
Este artículo forma parte del silo sobre la helenización del cristianismo primitivo. El cambio del día santo es, quizá, el ejemplo más tangible del proceso por el que Jesús fue desligado de su contexto judío: lo que Jesús observó durante toda su vida terminó convirtiéndose, para la Iglesia del siglo IV, en una práctica prohibida a los cristianos.
Lo más sorprendente es que, durante siglos, muchos cristianos no eligieron entre los dos días: guardaron ambos. A comienzos del siglo V, el historiador Sócrates Escolástico afirmaba que casi todas las iglesias del mundo celebraban los misterios sagrados el sábado de cada semana, con la excepción de Alejandría y Roma. El domingo no sustituyó al Shabat de golpe; se le superpuso, y solo con el tiempo, y con la ayuda de concilios que prohibían «judaizar», acabó desplazándolo.
Respuesta breve: los primeros seguidores de Jesús, judíos, guardaban el Shabat y se reunían además el primer día de la semana para celebrar la resurrección. Desde el siglo II, las comunidades gentiles dieron cada vez más importancia al domingo, «día del Señor». En el año 321, el emperador Constantino decretó el descanso en el «venerable día del Sol», y hacia el 363-364 el sínodo de Laodicea prohibió a los cristianos descansar en sábado. El Nuevo Testamento no contiene ningún mandamiento explícito de cambiar el día de descanso.
El Shabat en tiempos de Jesús
El Shabat es uno de los pilares de la identidad judía. La Torá lo establece en los Diez Mandamientos, con dos justificaciones: el descanso de Dios tras la creación (Éxodo 20:8-11) y la liberación de la esclavitud en Egipto (Deuteronomio 5:12-15). En la época de Jesús, el Shabat comenzaba el viernes al ponerse el sol y terminaba el sábado al anochecer, y se dedicaba al descanso, la oración, el estudio de la Torá en la sinagoga y la comida en familia.
Los evangelios muestran a Jesús guardando el Shabat y asistiendo a la sinagoga «según su costumbre» (Lucas 4:16), como explicamos en el artículo sobre la sinagoga en tiempos de Jesús. Las controversias que tuvo con algunos fariseos no eran sobre si había que guardar el Shabat, sino sobre cómo guardarlo: si era lícito curar en Shabat o arrancar espigas para comer. Eran debates de halajá, de interpretación práctica de la Ley, del mismo tipo que los que mantenían entre sí las escuelas de Hilel y Shamai. Lo analizamos en detalle en Jesús y el Shabat.
La frase de Jesús «el Shabat fue hecho para el hombre, y no el hombre para el Shabat» (Marcos 2:27) tiene un paralelo muy cercano en la tradición rabínica: «el Shabat os ha sido entregado a vosotros, y no vosotros al Shabat» (Mejilta sobre Éxodo 31:13). Jesús no estaba aboliendo el Shabat; estaba participando en un debate judío sobre su sentido. Incluso en el relato de la Pasión, las mujeres que siguieron a Jesús «descansaron el Shabat conforme al mandamiento» antes de ir al sepulcro (Lucas 23:56).
El primer día de la semana en el Nuevo Testamento
Los evangelios sitúan el descubrimiento del sepulcro vacío «el primer día de la semana» (Marcos 16:2; Mateo 28:1; Lucas 24:1; Juan 20:1). Para un judío, el primer día de la semana era el que hoy llamamos domingo, que empezaba al anochecer del sábado. Esa conexión entre la resurrección y el primer día es el origen de la importancia que el domingo adquirió entre los cristianos.
El Nuevo Testamento menciona algunas reuniones en ese día. En Troas, los discípulos se reúnen «el primer día de la semana para partir el pan» y Pablo les habla hasta la medianoche (Hechos 20:7); es posible que se tratara del sábado por la noche, ya que en el cómputo judío el primer día empezaba al anochecer. Pablo pide a los corintios que cada primer día de la semana aparten dinero para la colecta de Jerusalén (1 Corintios 16:2). Y el autor del Apocalipsis dice que tuvo su visión «en el día del Señor» (Apocalipsis 1:10), la primera aparición de la expresión griega kyriakḗ hēméra, que daría origen a la palabra «domingo», del latín dies dominicus.
Ninguno de estos textos dice que el domingo sustituya al Shabat, ni que los cristianos deban dejar de guardar el sábado. Muestran que los seguidores de Jesús se reunían también el primer día para recordar la resurrección, una práctica compatible con la observancia del Shabat. Para los judíos seguidores de Jesús, como los que describimos en los primeros cristianos y «el Camino», era natural guardar el Shabat con su pueblo y reunirse después con la comunidad de discípulos.
Pablo y la libertad de los gentiles
Pablo menciona los días sagrados en varias ocasiones. A los gálatas les reprocha que «guardan los días, los meses, los tiempos y los años» (Gálatas 4:10), y en Romanos 14:5-6 afirma que unos hacen diferencia entre días y otros los consideran todos iguales, y que cada uno debe estar convencido en su propia mente. La Carta a los Colosenses, de autoría paulina discutida, pide que nadie juzgue a los creyentes «en cuanto a días de fiesta, luna nueva o Shabat» (Colosenses 2:16).
Estos textos se leyeron durante siglos como prueba de que Pablo había abolido el Shabat. Pero, como explicamos en el artículo sobre Pablo de Tarso, el fariseo, sus cartas están dirigidas a comunidades de gentiles. Lo que Pablo defiende es que los gentiles que creen en Jesús no están obligados a adoptar las prácticas propias de la identidad judía, entre ellas el Shabat. No dice que los judíos deban abandonarlo. El Concilio de Jerusalén, descrito en Hechos 15, tampoco incluye el Shabat entre las normas exigidas a los gentiles.
Así se fue creando una situación de hecho: en las comunidades mixtas o mayoritariamente gentiles, el Shabat no era obligatorio para los no judíos, mientras que la reunión del primer día, vinculada a la resurrección, era común a todos. Con el tiempo, a medida que los gentiles se convirtieron en mayoría absoluta, el domingo pasó a ser el día característico de la comunidad.
El siglo II: el domingo como marca de identidad
En el siglo II, el domingo empezó a presentarse no solo como un día de reunión, sino como alternativa deliberada al Shabat. La Didajé, un manual de vida cristiana de finales del siglo I o comienzos del II, pide a los fieles reunirse «en el día del Señor» para partir el pan y dar gracias (Didajé 14.1).
Ignacio de Antioquía, hacia el año 110, da un paso más. En su carta a los Magnesios, elogia a quienes, habiendo vivido según las antiguas costumbres, llegaron a la nueva esperanza «sin guardar ya el sábado, sino viviendo según el día del Señor» (Magnesios 9.1). Es la primera vez que un autor cristiano contrapone explícitamente ambos días. En la misma carta, Ignacio considera absurdo hablar de Jesucristo y «judaizar», un tema que analizamos en la separación entre judaísmo y cristianismo.
La Epístola de Bernabé, hacia el año 130, interpreta el domingo como el «octavo día», símbolo del comienzo de un mundo nuevo, y afirma que Dios no quiere los sábados actuales de los judíos (Bernabé 15). Y Justino Mártir, hacia el año 150, describe la reunión cristiana «el día llamado del Sol», en el que se leen las memorias de los apóstoles y los escritos de los profetas, se ora y se celebra la eucaristía. Justino explica que se reúnen ese día porque es el primero, en el que Dios creó el mundo, y porque en él resucitó Jesús (Primera Apología 67).
El testimonio de Plinio el Joven, gobernador romano de Bitinia, confirma desde fuera esta práctica. Hacia el año 112, escribió al emperador Trajano que los cristianos tenían la costumbre de reunirse «en un día fijo» antes del amanecer para cantar un himno a Cristo como a un dios (Cartas 10.96). Casi con seguridad se trataba del domingo.
Constantino y el «venerable día del Sol» (321)
El primer respaldo legal del domingo llegó con Constantino. El 7 de marzo del año 321, el emperador promulgó una ley que ordenaba que todos los jueces, la población urbana y los talleres descansaran en el «venerable día del Sol». Los campesinos, en cambio, podían trabajar libremente, para no perder la ocasión favorable de sembrar o plantar. La ley se conserva en el Código de Justiniano (3.12.2).
Llama la atención el lenguaje: Constantino no habla del «día del Señor» ni de la resurrección, sino del dies Solis, el día del Sol, un nombre de la semana planetaria romana que tenía también connotaciones del culto al Sol Invicto, muy extendido en el ejército y en la propia familia de Constantino antes de su conversión. Los historiadores debaten si la ley tenía motivación cristiana, solar o ambas. Lo que es indudable es que proporcionó un marco legal al día de reunión cristiano y lo convirtió en día de descanso civil, un rasgo que antes no tenía.
Es la misma época en la que el Concilio de Nicea separó la fecha de la Pascua del cálculo judío. En ambos casos, el calendario cristiano se reorganizaba de forma independiente del judío con el respaldo del poder imperial.
Laodicea: la prohibición de «judaizar» en sábado
El paso decisivo llegó hacia los años 363-364 con el sínodo de Laodicea, en Frigia. Su canon 29 establece que los cristianos no deben judaizar descansando en sábado, sino trabajar ese día y honrar con preferencia el día del Señor, descansando en él, si es posible, como cristianos. Y añade que, si se descubre a alguno judaizando, sea anatema de Cristo.
Es una norma reveladora por dos razones. En primer lugar, muestra que en el siglo IV todavía había cristianos que descansaban en sábado, hasta el punto de que hacía falta prohibirlo. En segundo lugar, transforma en falta grave lo que Jesús hizo durante toda su vida. Guardar el Shabat, el mandamiento que Jesús observó y discutió como maestro judío, quedó oficialmente definido como «judaizar», un comportamiento incompatible con ser cristiano.
Otros cánones del mismo sínodo prohíben a los cristianos recibir regalos festivos de los judíos, celebrar fiestas con ellos o aceptar el pan ácimo de Pésaj. El conjunto muestra la voluntad de trazar una frontera clara entre las prácticas de ambas comunidades, la misma frontera que analizamos en el artículo sobre la teología del reemplazo.
Sábado y domingo juntos: el testimonio de Oriente
A pesar de Laodicea, el sábado no desapareció de la vida cristiana. Sócrates Escolástico, que escribió su Historia eclesiástica hacia el año 440, señala que casi todas las iglesias celebraban los misterios sagrados el sábado de cada semana, mientras que Alejandría y Roma habían dejado de hacerlo por alguna antigua tradición (Historia eclesiástica 5.22). Sozomeno, su contemporáneo, confirma que en Constantinopla y en muchos otros lugares los fieles se reunían tanto el sábado como el primer día de la semana.
Las Constituciones apostólicas, una compilación siria de finales del siglo IV, piden incluso que se guarden como días de fiesta el sábado y el domingo, el primero como memorial de la creación y el segundo de la resurrección. En las iglesias orientales, el sábado conservó durante siglos un carácter festivo, y todavía hoy en la tradición ortodoxa no se ayuna estrictamente en sábado, salvo el Sábado Santo. En Occidente, en cambio, la Iglesia de Roma convirtió el sábado en día de ayuno, marcando aún más la diferencia.
Los ebionitas, según Eusebio, guardaban el Shabat como los judíos y celebraban además el día del Señor en memoria de la resurrección, una práctica que probablemente remontaba a las primeras comunidades de seguidores de Jesús en Judea.
¿Por qué se impuso el domingo?
Si recapitulamos, el triunfo del domingo responde a varios factores. Teológicamente, estaba vinculado a la resurrección, el acontecimiento central de la fe cristiana. Demográficamente, la mayoría de los cristianos eran gentiles para quienes el Shabat no era una práctica propia, como explicamos en el artículo sobre la separación entre judaísmo y cristianismo. Identitariamente, el domingo permitía distinguir a los cristianos de los judíos en una época en que los obispos buscaban marcar esa diferencia. Y políticamente, a partir del 321, contaba con el respaldo legal del Imperio.
Lo que no encontramos en las fuentes es una decisión de Jesús ni de los apóstoles de cambiar el día de descanso. El cambio fue obra de la Iglesia posterior, y así lo han reconocido históricamente tanto autores católicos como protestantes, aunque con valoraciones teológicas diferentes. Algunas iglesias, como la Iglesia Adventista del Séptimo Día o los Bautistas del Séptimo Día, siguen guardando hoy el sábado precisamente por ese motivo.
El domingo como «sábado cristiano»: de la Edad Media a la Reforma
Una vez desplazado el Shabat, ocurrió algo curioso: el domingo fue heredando poco a poco el lenguaje y las normas del día que había sustituido. Durante la Edad Media, los concilios y los teólogos aplicaron al domingo el mandamiento de santificar el sábado, y se desarrolló una casuística detallada sobre los trabajos permitidos y prohibidos en el día del Señor, que recuerda, paradójicamente, a las discusiones rabínicas sobre el Shabat que la Iglesia antigua había criticado.
Esa tendencia llegó a su punto culminante en el mundo protestante. Los puritanos ingleses y escoceses de los siglos XVI y XVII llamaban al domingo «el Sabbath» y lo guardaban con una severidad extrema, prohibiendo diversiones, viajes y trabajos. Por reacción, en la misma Inglaterra surgieron en el siglo XVII los Bautistas del Séptimo Día, que defendían volver al sábado bíblico por fidelidad a la Escritura. En el siglo XIX, en Estados Unidos, la Iglesia Adventista del Séptimo Día, organizada formalmente en 1863, adoptó la misma práctica.
En el ámbito católico, el papa Juan Pablo II dedicó en 1998 una carta apostólica al domingo, Dies Domini, en la que presenta el domingo como fiesta de la resurrección y, al mismo tiempo, reconoce su relación con el Shabat bíblico, subrayando que el sentido del descanso sabático se recoge y se transforma en el día del Señor. Es una manera de reconocer, desde la teología, la raíz judía de una práctica que durante siglos se había presentado en oposición a ella.
Lo que el sábado nos dice del Jesús judío
El paso del sábado al domingo resume en un gesto semanal todo el proceso que estudiamos en este silo. Jesús guardó el Shabat, asistió a la sinagoga, discutió sobre su sentido y, según los evangelios, murió en la víspera de un Shabat. Sus primeros seguidores siguieron guardándolo. Con el tiempo, una Iglesia mayoritariamente gentil dio prioridad al primer día, luego lo opuso al sábado y finalmente prohibió descansar en el día que Jesús había santificado.
Recordar este proceso no implica juzgar la práctica cristiana actual, que tiene su propio sentido teológico centrado en la resurrección. Implica, simplemente, reconocer un hecho histórico: el Jesús de los evangelios vivía según el calendario de su pueblo, el mismo que describimos en el calendario judío en tiempos de Jesús, y su día santo era el Shabat. Para entender a Jesús como maestro judío de la Torá, hay que imaginarlo cada viernes al atardecer, recibiendo el Shabat con su familia en Nazaret.
Lectura recomendada sobre el Jesús que guardaba el Shabat
Para comprender por qué el Shabat era tan importante en la vida de Jesús y en la de sus primeros discípulos, puede ayudarte el libro del profesor Mario Sabán El judaísmo de Jesús. Sabán analiza la práctica religiosa de Jesús desde las fuentes judías, lo que permite ver con claridad lo que se perdió cuando el día santo de Jesús dejó de ser el día santo de sus seguidores.
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Preguntas frecuentes sobre el cambio del sábado al domingo
¿Quién cambió el sábado por el domingo?
No hubo un único responsable. El domingo fue ganando importancia entre los cristianos gentiles desde el siglo I por su relación con la resurrección. Constantino lo convirtió en día de descanso civil en el año 321, y el sínodo de Laodicea (c. 363-364) prohibió a los cristianos descansar en sábado.
¿Jesús guardaba el sábado?
Sí. Los evangelios lo muestran asistiendo a la sinagoga en Shabat según su costumbre (Lucas 4:16) y discutiendo cómo debía guardarse, no si debía guardarse.
¿La Biblia ordena guardar el domingo?
No hay ningún mandamiento explícito en el Nuevo Testamento que establezca el domingo como día de descanso. Hay referencias a reuniones el primer día de la semana y la expresión «día del Señor» en el Apocalipsis.
¿Por qué se llama «domingo»?
Viene del latín dies dominicus, «día del Señor», traducción del griego kyriakḗ hēméra. En otras lenguas, como el inglés o el alemán, conserva el nombre romano de «día del Sol».
¿Qué dijo el Concilio de Laodicea sobre el sábado?
Su canon 29 ordenó que los cristianos no judaizaran descansando en sábado, sino que trabajaran ese día y honraran el domingo, bajo pena de anatema.
Conclusión: el día que Jesús santificó
El paso del sábado al domingo no fue un decreto de Jesús ni de sus apóstoles, sino el resultado de un proceso de tres siglos en el que intervinieron la memoria de la resurrección, el predominio de los gentiles, la voluntad de distinguirse del judaísmo y, finalmente, la ley imperial y los cánones conciliares. Durante mucho tiempo, numerosos cristianos guardaron ambos días. El hecho de que el día santo de Jesús terminara siendo prohibido para quienes lo seguían es uno de los signos más claros de cómo su identidad judía se fue desdibujando en la memoria cristiana.
Continúa este recorrido con cómo era Jesús físicamente o vuelve al pilar sobre la helenización del cristianismo primitivo.
Fuentes y lecturas
- Marcos 2:23-28; Lucas 4:16; Hechos 20:7; 1 Corintios 16:2; Apocalipsis 1:10.
- Didajé 14; Ignacio de Antioquía, Magnesios 9; Epístola de Bernabé 15.
- Justino Mártir, Primera Apología 67; Plinio el Joven, Cartas 10.96.
- Código de Justiniano 3.12.2 (ley de Constantino, 321).
- Sínodo de Laodicea, canon 29; Sócrates Escolástico, Historia eclesiástica 5.22.
- Samuele Bacchiocchi, From Sabbath to Sunday (1977).
- D. A. Carson (ed.), From Sabbath to Lord’s Day (1982).