«Eloi, Eloi, lema sabachthani»: qué significa y por qué Jesús lo dijo en arameo

De todas las palabras que Jesús pronunció en la cruz, hay una frase que los evangelistas no se atrevieron a traducir del todo. La escribieron tal como sonó, en su lengua original, y solo después añadieron su significado en griego: «Eloi, Eloi, lema sabachthani», «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?» (Marcos 15:34). Es el único grito de la crucifixión que conservamos en la voz exacta de Yeshúa, y es también el más desconcertante: el hombre que había llamado a Dios Abba parece, en su último momento, sentirse abandonado por él.

Durante siglos, teólogos y predicadores han leído esta frase como la expresión de un desamparo absoluto. Pero esa lectura olvida algo que cualquier judío del siglo I habría percibido al instante: Jesús no está inventando un lamento, está citando un salmo. El Salmo 22, que empieza exactamente con esas palabras, era parte de la oración de Israel. Y para entender lo que eso significa hay que entrar en la forma en que los judíos de la época recitaban, memorizaban y evocaban las Escrituras, el mundo que exploramos en ¿Qué idioma hablaba Jesús?.

Y aquí aparece un detalle lingüístico extraordinario: el Salmo 22 está escrito en hebreo, pero Jesús no lo cita en hebreo. Lo cita en arameo. En el momento de mayor sufrimiento, cuando un ser humano ya no tiene fuerzas para elegir las palabras, salió de su boca la lengua de su infancia, la de su madre y de su casa en Nazaret. Esa frase es, quizá, el testimonio más directo que tenemos de cuál era la lengua materna de Jesús.

El texto en los evangelios: Marcos y Mateo

La frase aparece en dos evangelios, con una pequeña diferencia que resulta muy significativa.

Marcos 15:34: «Y a la hora novena Jesús clamó a gran voz: Eloi, Eloi, lema sabachthani, que traducido es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?».

Mateo 27:46: «Cerca de la hora novena, Jesús clamó a gran voz diciendo: Eli, Eli, lema sabachthani, esto es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?».

Marcos, considerado el evangelio más antiguo, escribe Eloi, la forma aramea de «Dios mío» (Elahí, pronunciado de modo parecido a Eloí en algunas variantes dialectales). Mateo, que escribe para una comunidad judeocristiana muy familiarizada con el texto hebreo de las Escrituras, corrige a Eli, la forma hebrea, la del salmo original.

El resto de la frase, lema sabachthani, es arameo en ambos evangelios. El verbo shebaq, «dejar», «abandonar», es arameo; el hebreo del salmo usa otro verbo, ‘azab. Es decir: incluso en la versión «hebraizada» de Mateo queda la huella aramea del grito original.

Lucas y Juan no recogen esta frase. Lucas pone en boca de Jesús, en su lugar, otra cita de los Salmos: «Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu» (Lucas 23:46, citando el Salmo 31:5). Juan recoge «Todo está cumplido» (Juan 19:30). Cada evangelista seleccionó y subrayó aspectos distintos de la muerte de Jesús, pero los cuatro coinciden en un punto: Jesús murió orando con las palabras de los Salmos.

Palabra por palabra: el análisis del arameo

Desglosemos la frase en sus componentes:

  • Eloi / Elahí (אלהי): «mi Dios». Elah es la palabra aramea para «Dios», equivalente al hebreo Eloah o Elohim. El sufijo -í significa «mío».
  • lema (למה): «¿por qué?». La palabra es prácticamente idéntica en hebreo (lamá) y en arameo (lemá). Algunos manuscritos griegos escriben lama, otros lema.
  • sabachthani (שבקתני): «me has abandonado». Del verbo arameo shebaq, con el sufijo de segunda persona del perfecto (-t-) y el sufijo pronominal de primera persona (-ni, «me»). El griego no tenía el sonido sh, por eso se transcribe con s; la ch representa el sonido gutural de la qof ante la t.

Es interesante que el verbo shebaq sea exactamente el mismo que aparece en el Padre Nuestro con el sentido de «perdonar», «soltar» una deuda, como explicamos en el Padre Nuestro en arameo. La misma raíz puede significar «perdonar» y «abandonar»: la idea de base es «soltar», «dejar ir».

El Salmo 22 en hebreo y en el Targum

El Salmo 22 comienza así en hebreo: «Elí, Elí, lamá ‘azavtani», «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?».

Pero en la tradición judía existía también una versión aramea de los Salmos: el Targum, la traducción y paráfrasis que se usaba para hacer comprensibles las Escrituras a quienes ya no dominaban el hebreo bíblico. En el Targum de los Salmos que se conserva, el versículo dice: «Elí, Elí, metul mah shebaqtani», usando precisamente el verbo shebaq.

El Targum de los Salmos que conocemos fue redactado mucho después de Jesús, y no podemos afirmar que él lo citara directamente. Pero el dato demuestra algo importante: que la forma natural de decir este versículo en arameo usaba el verbo shebaq, el mismo que aparece en los evangelios. Jesús oró el Salmo 22 tal como un judío galileo lo habría orado en su lengua. Explicamos el fenómeno de las traducciones arameas en ¿Qué es el Targum?.

La práctica judía de citar el comienzo de un texto

Para entender el sentido de esta cita hay que conocer una costumbre fundamental de la cultura judía antigua. En una época sin capítulos ni versículos numerados (la numeración actual es medieval y moderna), los textos sagrados se identificaban por sus primeras palabras. Los libros de la Torá llevan, hasta hoy, el nombre de su primera palabra significativa: Bereshit («En el principio») es el Génesis; Shemot («Nombres») es el Éxodo.

Los rabinos, al citar un versículo en una discusión, a menudo pronunciaban solo su comienzo, sabiendo que sus oyentes, que conocían las Escrituras de memoria, completarían el resto. La expresión rabínica para indicar «y así sucesivamente» es vegomer, «y lo que sigue», que se usa constantemente en la Mishná y el Talmud.

Los Salmos, además, se rezaban y se memorizaban completos. Un judío piadoso del siglo I que oía «Elí, Elí, lamá…» reconocía inmediatamente el Salmo 22 entero, con su recorrido completo, igual que hoy alguien que escucha «El Señor es mi pastor» piensa en todo el Salmo 23.

Qué dice el Salmo 22 completo: del abandono a la victoria

Y aquí está la clave. El Salmo 22 no es un salmo de desesperación. Es un lamento que se transforma en alabanza, uno de los géneros más característicos de la oración de Israel. Su estructura tiene dos movimientos.

Primera parte (versículos 1-21): el lamento. El orante describe un sufrimiento extremo. Y lo hace con imágenes que los evangelistas vieron reflejadas en la crucifixión:

  • «Todos los que me ven se burlan de mí… menean la cabeza» (v. 7), como los que pasaban ante la cruz (Marcos 15:29).
  • «Se encomendó al Señor; que él lo libre» (v. 8), palabras casi idénticas a las de los sacerdotes en Mateo 27:43.
  • «Tengo la lengua pegada al paladar» (v. 15), en relación con la sed de Jesús (Juan 19:28).
  • «Se reparten mis vestidos y echan suertes sobre mi túnica» (v. 18), que los cuatro evangelios relacionan con los soldados (Marcos 15:24; Juan 19:24).

Segunda parte (versículos 22-31): la acción de gracias. De repente, el tono cambia por completo: «Anunciaré tu nombre a mis hermanos; en medio de la asamblea te alabaré» (v. 22). El orante proclama que Dios no ha despreciado al afligido ni le ha escondido su rostro, sino que lo escuchó cuando clamó a él (v. 24). Y termina con una visión universal: todos los confines de la tierra se volverán al Señor, y las generaciones futuras proclamarán su justicia «porque él lo ha hecho» (v. 31).

Leído en su contexto judío, el grito de Jesús no es la negación de su confianza en Dios: es el comienzo de una oración que termina en esperanza. Un judío que comenzaba a recitar el Salmo 22 en la agonía estaba diciendo, al mismo tiempo, el sufrimiento real del abandono y la fe en que Dios no abandona definitivamente a quien clama a él.

La confusión con Elías

Marcos y Mateo narran que algunos de los presentes, al oír el grito, dijeron: «Mira, llama a Elías» (Marcos 15:35). Uno corrió a darle vinagre y dijo: «Dejad, veamos si viene Elías a bajarlo».

La confusión es comprensible en el contexto judío. El profeta Elías (Eliyahu) ocupaba un lugar muy especial en la esperanza de Israel. Según la Biblia, no murió, sino que fue arrebatado al cielo en un carro de fuego (2 Reyes 2:11), y el profeta Malaquías anunciaba su regreso antes del «día del Señor» (Malaquías 4:5-6). En la tradición judía posterior, Elías se convirtió además en el protector de los que sufren, el que aparece para ayudar en momentos de peligro. En el séder de Pésaj, hasta hoy, se le reserva una copa y se abre la puerta para recibirlo.

La forma hebrea Elí, que recoge Mateo, se parece mucho más a Eliyahu que la forma aramea Eloi. Algunos especialistas piensan que Jesús pudo haber dicho efectivamente Elí, y que eso explicaría mejor el malentendido. Otros creen que el grito de un moribundo, pronunciado con dificultad, podía confundirse fácilmente en cualquier caso. No podemos resolverlo con certeza, pero el episodio confirma que los testigos eran judíos que esperaban la llegada de Elías.

La hora novena: la hora de la oración en el Templo

Hay otro detalle que suele pasar inadvertido. Marcos y Mateo sitúan el grito «a la hora novena», es decir, hacia las tres de la tarde según el cómputo judío, que contaba las horas desde la salida del sol. Para un judío de Jerusalén, esa no era una hora cualquiera.

En el Templo, por la tarde, se ofrecía el sacrificio vespertino (tamid shel bein ha‘arbáyim), uno de los dos sacrificios diarios prescritos por la Torá (Números 28:3-8). La Mishná describe su ritual con detalle en el tratado Tamid. Hacia esa misma hora se rezaba la oración de la tarde, que la tradición rabínica llamará Minjá, «ofrenda», precisamente en recuerdo de aquel sacrificio. El libro de los Hechos lo confirma de forma explícita: Pedro y Juan subían al Templo «a la hora novena, la de la oración» (Hechos 3:1).

Es decir: mientras en el Templo, a pocos centenares de metros, los sacerdotes ofrecían el sacrificio de la tarde y el pueblo se reunía para orar, Yeshúa, clavado en una cruz romana fuera de las murallas, oraba también, con las palabras de un salmo. Los evangelistas no subrayan esta coincidencia de forma explícita, pero cualquier lector judío de la época la habría percibido. La muerte de Jesús quedó enmarcada en el ritmo de oración del Templo, el mismo ritmo que regía la vida religiosa que describimos en el judaísmo del Segundo Templo.

Por qué los evangelistas no tradujeron la frase

Los evangelios fueron escritos en griego para comunidades de habla griega. ¿Por qué entonces conservar una frase en arameo que los lectores no entendían y que había que traducir inmediatamente?

Hay varias razones posibles, compatibles entre sí:

  • Fidelidad al recuerdo de los testigos. Las palabras pronunciadas en un momento tan dramático quedaron grabadas en la memoria de quienes estaban presentes, y se transmitieron tal como sonaron.
  • El valor del sonido original. Como ocurre con Talitha kum o Effatha, que analizamos en las palabras arameas del Nuevo Testamento, algunas palabras de Jesús se consideraban demasiado importantes para ser sustituidas por una traducción.
  • La necesidad de explicar la confusión con Elías. Sin la frase original, el episodio de los que creían que llamaba a Elías no tendría sentido.

El resultado es que hoy, veinte siglos después, podemos escuchar las últimas palabras de Jesús según Marcos casi exactamente como sonaron.

La interpretación judía del sufrimiento del justo

El Salmo 22 pertenece a una larga tradición bíblica: la del justo que sufre y clama a Dios. Esta tradición atraviesa el libro de Job, los cánticos del Siervo en Isaías (especialmente Isaías 52:13–53:12) y numerosos salmos de lamento. En todos estos textos, el justo puede expresar su queja ante Dios con total franqueza, sin que eso signifique perder la fe.

La tradición judía valora profundamente esta oración honesta. El profeta Habacuc pregunta: «¿Hasta cuándo, Señor, gritaré y no escucharás?» (Habacuc 1:2). Jeremías se queja abiertamente. Los rabinos incluso desarrollaron la idea de que se puede «discutir» con Dios en nombre de la justicia, siguiendo el ejemplo de Abraham ante Sodoma (Génesis 18:25) o de Moisés intercediendo por el pueblo.

En el midrash, el Salmo 22 se aplicó también a la reina Ester: el Talmud (Meguilá 15b) relata que, al entrar sin ser llamada ante el rey y pasar por la sala de los ídolos, sintió que la Presencia divina se apartaba de ella y exclamó: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?». Es decir, los propios sabios veían en este versículo la oración de quien, en el momento de máximo peligro, se siente solo, pero sigue dirigiéndose a «su» Dios.

Jesús se inscribe plenamente en esta tradición. Su grito en la cruz no lo separa del judaísmo; lo sitúa en el corazón de la oración de Israel. Es el mismo maestro que conocía y vivía la Torá, como mostramos en Jesús, maestro judío de la Torá.

El contexto: la crucifixión romana

Conviene recordar que la cruz no era un castigo judío. Era una pena romana, reservada a esclavos, rebeldes y personas sin ciudadanía romana, diseñada para humillar y aterrorizar. La crucifixión de Jesús por orden del prefecto Poncio Pilato se sitúa en el marco de la dominación romana sobre Judea, que analizamos en la ocupación romana de Judea.

En medio de esa violencia imperial, el último grito de Yeshúa fue una oración judía, en arameo, tomada de los Salmos. El contraste es poderoso: el poder romano lo ejecutó, pero murió hablando la lengua y orando con las Escrituras de su pueblo.

Preguntas frecuentes sobre «Eloi, Eloi, lema sabachthani»

¿Qué significa «Eloi, Eloi, lema sabachthani»?

Significa «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?». Es la primera línea del Salmo 22, pronunciada por Jesús en arameo en la cruz (Marcos 15:34).

¿En qué idioma dijo Jesús «Eloi, Eloi»?

En arameo, su lengua materna. El Salmo 22 está escrito en hebreo, pero Jesús lo citó en arameo, como muestra el verbo sabachthani (shebaq).

¿Por qué Mateo dice «Eli» y Marcos «Eloi»?

Marcos conserva la forma aramea (Eloi). Mateo usa la forma hebrea del salmo (Eli), quizá para acercarla al texto bíblico original y para explicar mejor la confusión con Elías.

¿Jesús perdió la fe en la cruz?

Desde la perspectiva judía, no. Citar el comienzo de un salmo era evocar el salmo completo, y el Salmo 22 termina en una proclamación de confianza y alabanza.

¿Por qué pensaron que llamaba a Elías?

Porque Elí («Dios mío») suena parecido a Eliyahu (Elías), el profeta que los judíos esperaban como protector y precursor de los tiempos mesiánicos.

Conclusión: la última oración de un judío

«Eloi, Eloi, lema sabachthani» no es solo la frase más dramática de los evangelios. Es una ventana a la intimidad de Yeshúa en el momento de su muerte: un hombre que, en su agonía, vuelve a la lengua de su infancia y a los salmos que había aprendido en la sinagoga de Nazaret, y que, al pronunciar el primer versículo de un lamento, evoca también su final de esperanza.

Si quieres seguir escuchando la voz de Jesús en su lengua original, el siguiente paso natural es Abba, la palabra con la que Jesús llamaba a Dios, y el marco completo está en el pilar ¿Qué idioma hablaba Jesús?.


Ruta de estudio: la lengua de Jesús

Este artículo forma parte de la serie sobre el idioma de Yeshúa. Puedes recorrerla completa en este orden:

  1. ¿Qué idioma hablaba Jesús? Arameo, hebreo y el mundo lingüístico de Galilea (pilar)
  2. ¿Cómo se llamaba Jesús en realidad? Yeshúa, su nombre en hebreo y arameo
  3. El Padre Nuestro en arameo: reconstrucción, significado y raíces judías
  4. «Eloi, Eloi, lema sabachthani»: qué significa y por qué Jesús lo dijo en arameo (estás aquí)
  5. Palabras arameas en el Nuevo Testamento: Talitha kum, Effatha, Maranatha y otras huellas de la voz de Jesús
  6. Abba: el significado de la palabra con la que Jesús llamaba a Dios
  7. ¿Se sigue hablando arameo hoy? Maalula y las comunidades que conservan la lengua de Jesús
  8. Los nombres de los apóstoles en hebreo y arameo: Shimón, Yaakov, Yojanán y los Doce
  9. La educación de un niño judío en tiempos de Jesús: del bet sefer al bet midrash
  10. ¿Qué es el Targum? Las traducciones arameas de la Torá en la sinagoga de Jesús

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio