En una aldea de piedra encaramada en las montañas de Siria, a unos sesenta kilómetros de Damasco, todavía hay ancianos que, al contar un cuento a sus nietos, usan palabras que Jesús habría entendido sin dificultad. Se llama Maalula, y es uno de los últimos lugares del mundo donde se habla, como lengua materna y en la vida diaria, un dialecto del arameo occidental, la misma rama de la lengua que se hablaba en la Galilea del siglo I.
Durante mucho tiempo se dijo que el arameo era una lengua muerta, una reliquia de los manuscritos antiguos. No lo es. El arameo tiene una historia de más de tres mil años sin interrupción, y fue durante siglos la gran lengua internacional de Oriente Próximo, el «inglés» de los imperios asirio, babilónico y persa. Su supervivencia hasta hoy, aunque frágil, es una de las grandes historias de resistencia lingüística del mundo. Es el último capítulo del recorrido que empezamos en el pilar ¿Qué idioma hablaba Jesús?.
Y hay algo todavía más sorprendente: millones de personas pronuncian palabras arameas cada semana sin saberlo. Cada vez que un judío recita el Kaddish por sus difuntos, o que en la noche de Yom Kipur se canta el Kol Nidré, la sinagoga entera habla arameo. Y cada vez que un cristiano dice «amén», «hosanna» o «Abba», o canta «Maranatha», repite fórmulas que llegaron a la Iglesia a través del arameo de las primeras comunidades. La lengua de Jesús no solo vive en unas aldeas de montaña: vive en la oración.
Tres mil años de historia del arameo
Para entender la supervivencia del arameo hay que mirar primero su historia, que se suele dividir en grandes etapas.
Arameo antiguo (siglos X-VIII a. C.)
El arameo nació entre los arameos, un conjunto de pueblos semitas que se establecieron en Siria y el norte de Mesopotamia. Las primeras inscripciones conocidas datan del siglo X y IX a. C. La Biblia los conoce bien: los patriarcas tenían parientes arameos en Jarán, y la fórmula que el israelita recitaba al llevar las primicias al santuario empieza con las palabras: «Un arameo errante era mi padre» (Deuteronomio 26:5), en referencia a Jacob.
El primer fragmento arameo de la Biblia aparece en una escena del Génesis: cuando Jacob y su suegro Labán, el arameo, levantan un montón de piedras como testimonio de su pacto, Jacob lo llama en hebreo Galed, mientras que Labán lo llama en arameo Yegar Sahadutá. Ambos nombres significan «montón del testimonio» (Génesis 31:47).
Arameo imperial (siglos VIII-IV a. C.)
A partir del siglo VIII a. C., los asirios adoptaron el arameo como lengua de administración y comunicación de su imperio, y después lo hicieron babilonios y persas. El arameo se convirtió en la lengua franca de un territorio que iba desde Egipto hasta la India. La Biblia conserva una escena muy reveladora: cuando el ejército asirio asedia Jerusalén en el 701 a. C., los ministros del rey Ezequías le piden al general asirio: «Te rogamos que hables a tus siervos en arameo, porque nosotros lo entendemos; no nos hables en la lengua de Judá a oídos del pueblo que está sobre la muralla» (2 Reyes 18:26). En esa época, el arameo era la lengua de los diplomáticos; el pueblo de Jerusalén aún no la entendía.
De este período proceden los papiros de Elefantina, documentos de una comunidad judía instalada en una isla del Nilo, en Egipto, en el siglo V a. C., escritos en arameo.
El arameo entra en la Biblia
Durante y después del exilio babilónico, los judíos adoptaron progresivamente el arameo como lengua de uso cotidiano. Por eso hay partes de la Biblia hebrea escritas directamente en arameo:
- Daniel 2:4b–7:28: la narración y las visiones centrales del libro.
- Esdras 4:8–6:18 y 7:12-26: documentos y correspondencia oficial persa.
- Jeremías 10:11: un versículo suelto contra los ídolos.
Incluso el alfabeto que hoy llamamos «hebreo», el de letras cuadradas, es en realidad la escritura aramea que los judíos adoptaron en esta época, y que la tradición rabínica llama ketav ashurí, «escritura asiria» (Talmud de Babilonia, Sanhedrín 21b-22a). El antiguo alfabeto paleohebreo quedó relegado.
Arameo del tiempo de Jesús (siglo I)
En la época de Jesús, el arameo se había fragmentado en dialectos. En Palestina se hablaban variantes del arameo occidental, entre ellas el galileo, con su acento propio, como explicamos en el pilar. A esa época pertenecen las palabras arameas que conserva el Nuevo Testamento, que hemos reunido en las palabras arameas del Nuevo Testamento, y los textos arameos de Qumrán, como el Génesis apócrifo o el Targum de Job.
El arameo en los rollos del Mar Muerto
Los manuscritos descubiertos a partir de 1947 en las cuevas de Qumrán, junto al Mar Muerto, ofrecieron a los investigadores un tesoro inesperado: más de un centenar de manuscritos en arameo, copiados entre el siglo III a. C. y el siglo I d. C. Por primera vez se disponía de textos arameos literarios escritos en la tierra de Israel en la época inmediatamente anterior a Jesús y durante su vida.
Entre ellos destacan el Génesis apócrifo (1QapGen), una paráfrasis narrativa de las historias de Noé y de Abraham; los fragmentos arameos del Libro de Enoc, citado como Escritura en la carta de Judas (Judas 14-15); el Libro de los Gigantes; el Documento arameo de Leví; y el Targum de Job (11QtgJob), una traducción aramea del libro de Job que demuestra que las traducciones bíblicas al arameo ya circulaban por escrito antes de la destrucción del Templo. Lo explicamos en ¿Qué es el Targum?.
Estos textos son esenciales para reconstruir el arameo de Jesús. Muestran el vocabulario, la gramática y el estilo de la lengua tal como se escribía en Judea en el siglo I, y han permitido a los especialistas afinar muchas de las reconstrucciones de frases evangélicas, como la del Padre Nuestro. Son, por así decirlo, el arameo de los contemporáneos de Yeshúa.
La gran división: arameo occidental y oriental
Después del siglo I, el arameo siguió dos grandes caminos:
El arameo occidental dio lugar al arameo judeopalestino de los Talmud de Jerusalén y de algunos targumim, al arameo de los cristianos de Palestina y al arameo samaritano.
El arameo oriental dio lugar a tres lenguas literarias de enorme importancia:
- El siríaco, la lengua de Edesa, que se convirtió en la lengua de los cristianos de Mesopotamia y Siria, con una literatura inmensa. En siríaco se escribió la traducción bíblica llamada Peshitta, de la que procede el famoso «Abwun d’bwashmaya» que explicamos en el Padre Nuestro en arameo.
- El arameo judeobabilónico, la lengua del Talmud de Babilonia, el gran código del judaísmo rabínico.
- El mandeo, la lengua sagrada de los mandeos, una pequeña comunidad religiosa de Irak e Irán que venera a Juan el Bautista.
El declive: la llegada del árabe
A partir del siglo VII, con la expansión del islam, el árabe —otra lengua semítica, pariente del arameo— fue sustituyendo progresivamente al arameo en todo Oriente Próximo como lengua de la vida diaria. El proceso duró siglos. En las ciudades fue más rápido; en las aldeas de montaña y en las comunidades religiosas minoritarias, el arameo resistió mucho más.
Por eso las lenguas arameas que han sobrevivido hasta hoy se encuentran en lugares aislados o en comunidades cristianas y judías minoritarias, que conservaron su lengua como parte de su identidad.
Maalula: el último arameo occidental
El caso más famoso, y el más importante para los interesados en Jesús, es el de Maalula, en la región de Qalamún, al norte de Damasco, junto con las aldeas cercanas de Yubb‘adín y Bakh‘a. Allí sobrevive el llamado neoarameo occidental, el único descendiente vivo de la rama occidental del arameo, a la que pertenecía el dialecto galileo de Jesús.
Conviene ser precisos: el arameo de Maalula no es el arameo de Jesús. Han pasado veinte siglos, y la lengua ha cambiado, ha recibido muchos préstamos del árabe y ha evolucionado a su manera. Pero es su pariente más cercano vivo, el que conserva más rasgos de la familia lingüística de Galilea. Un hablante de Maalula reconoce de inmediato palabras como abba, talitha o shbaq.
Maalula es además un lugar de enorme valor histórico y religioso. Su nombre procede de una palabra aramea que significa «entrada», por el estrecho desfiladero que la atraviesa. Alberga monasterios cristianos antiquísimos, como el de Santa Tecla (Mar Taqla) y el de San Sergio (Mar Sarkis), cuyo origen se remonta a la Antigüedad tardía. Sus habitantes, en su mayoría cristianos melquitas y ortodoxos, y algunos musulmanes, han conservado la lengua durante siglos.
Durante la guerra civil siria, en 2013-2014, Maalula fue escenario de combates, y muchos de sus habitantes tuvieron que huir. La dispersión de la población puso en grave peligro la transmisión de la lengua a los niños. Desde entonces se han hecho esfuerzos para enseñar el arameo en escuelas y para documentarlo, con la colaboración de lingüistas, especialmente de la Universidad de Heidelberg, que llevan décadas estudiándolo. El número de hablantes se estima en apenas unos miles, y la UNESCO lo considera una lengua en grave peligro.
Las lenguas neoarameas orientales
En el este, la situación es más amplia, aunque igualmente frágil. Se conservan varias lenguas neoarameas orientales, habladas sobre todo por comunidades cristianas:
- El turoyo, hablado tradicionalmente en la región de Tur Abdín, en el sudeste de Turquía, por cristianos siríacos ortodoxos. Hoy muchos de sus hablantes viven en la diáspora, especialmente en Suecia y Alemania.
- El neoarameo asirio (llamado también sureth), hablado por los asirios cristianos en el norte de Irak, el noreste de Siria, Irán y en la diáspora (Estados Unidos, Suecia, Australia).
- El neoarameo caldeo, hablado por los católicos caldeos, principalmente en el norte de Irak, en la llanura de Nínive.
En conjunto, estas lenguas tienen varios cientos de miles de hablantes, pero las guerras y persecuciones de las últimas décadas en Irak y Siria han dispersado a sus comunidades por todo el mundo, lo que amenaza su transmisión.
El arameo judío: de Kurdistán a Israel
Una de las historias menos conocidas es la de los judíos de Kurdistán, que hablaron durante siglos dialectos del neoarameo oriental, muy cercanos a los de sus vecinos cristianos. Ellos mismos llamaban a su lengua lishana deni, «nuestra lengua», o targum, en recuerdo de las traducciones arameas de la Biblia.
En la década de 1950, prácticamente toda esta comunidad emigró a Israel. Allí, en una generación, sus hijos adoptaron el hebreo moderno, y hoy el arameo judío solo lo hablan algunos ancianos. Los lingüistas trabajan intensamente para documentarlo antes de que desaparezca. Es una de las ironías de la historia: los judíos que conservaron el arameo durante casi tres mil años lo están perdiendo precisamente al regresar a la tierra de Israel.
El arameo vivo en la oración judía
Aunque casi ningún judío habla hoy arameo, la lengua sigue viva en el corazón de la vida religiosa judía:
- El Kaddish, la oración de santificación del nombre de Dios que se recita en los servicios y que los hijos dicen durante el duelo por sus padres, está escrito en arameo. Su comienzo, Yitgaddal veyitqaddash shemeh rabbá, tiene un parentesco evidente con el Padre Nuestro.
- El Kol Nidré, la solemne fórmula de anulación de votos que abre la noche de Yom Kipur, está en arameo. Puedes leer sobre esa fiesta en las fiestas judías en la vida de Jesús.
- La Hagadá de Pésaj empieza su relato con un párrafo arameo: Ha lajmá anyá, «Este es el pan de la aflicción que comieron nuestros padres en la tierra de Egipto».
- La ketubá, el contrato matrimonial judío, se redacta tradicionalmente en arameo.
- El Talmud de Babilonia, que los estudiantes judíos estudian en las academias de todo el mundo, está escrito en buena parte en arameo.
- El Zóhar, la obra central de la Cábala, está escrito en un arameo literario, de estilo antiguo, aunque fue compuesto en la Castilla del siglo XIII.
Cada uno de estos textos mantiene viva, en la memoria y en la voz, la lengua que Jesús hablaba.
El arameo vivo en las iglesias de Oriente
En el mundo cristiano, el siríaco sigue siendo la lengua litúrgica de varias iglesias antiguas:
- La Iglesia sirio-ortodoxa y la Iglesia católica siria.
- La Iglesia maronita, la gran comunidad católica de Líbano, que conserva oraciones en siríaco en su liturgia.
- La Iglesia asiria de Oriente y la Iglesia católica caldea.
- Las iglesias siro-malabares y siro-malankaras de la India, en Kerala, fruto de la antigua misión cristiana que según su tradición se remonta al apóstol Tomás.
En varias de estas iglesias, la plegaria eucarística o al menos algunas de sus partes centrales siguen pronunciándose en siríaco, algo que muchos fieles viven con profunda emoción por su cercanía con la lengua de Jesús.
Por qué importa salvar el arameo
La desaparición de una lengua es siempre una pérdida irreparable para la humanidad. Pero en el caso del arameo, la pérdida tendría además una dimensión especial: se perdería el último eco vivo de la lengua en la que se formó buena parte de la Biblia, el Talmud y el pensamiento de Jesús.
Las comunidades que hablan arameo hoy han sobrevivido a imperios, conquistas, persecuciones y guerras. Su lengua es un testimonio de continuidad que conecta el presente con el mundo del Segundo Templo, ese mundo que exploramos en el judaísmo del Segundo Templo. Escuchar a un anciano de Maalula es, de algún modo, escuchar la familia de sonidos en la que creció Yeshúa.
Preguntas frecuentes sobre el arameo hoy
¿Se sigue hablando arameo?
Sí. Se hablan varias lenguas neoarameas: el neoarameo occidental en Maalula y dos aldeas vecinas de Siria, y diversas lenguas neoarameas orientales (turoyo, asirio, caldeo) en Turquía, Irak, Irán, Siria y en la diáspora.
¿Dónde se habla el arameo más parecido al de Jesús?
En Maalula, Yubb‘adín y Bakh‘a, en Siria, donde se conserva el neoarameo occidental, el descendiente vivo más cercano de la rama a la que pertenecía el arameo galileo.
¿Cuántas personas hablan arameo hoy?
Las estimaciones varían, pero en conjunto las lenguas neoarameas tienen varios cientos de miles de hablantes. El neoarameo occidental de Maalula tiene solo unos pocos miles.
¿Los judíos hablan arameo?
Casi ninguno como lengua de la vida diaria, salvo algunos ancianos de origen kurdo en Israel. Pero el arameo está muy presente en la oración (Kaddish, Kol Nidré), en el estudio del Talmud y en textos como el Zóhar.
¿El siríaco es arameo?
Sí. El siríaco es un dialecto del arameo oriental, con una gran literatura cristiana, y es todavía lengua litúrgica de varias iglesias orientales.
Conclusión: una lengua que se niega a morir
El arameo empezó como la lengua de unos pueblos de Siria, se convirtió en la lengua de los imperios, fue la lengua materna de Yeshúa y de sus discípulos, escribió el Talmud y el Zóhar, y hoy sobrevive en aldeas de montaña, en comunidades dispersas por el mundo y en las oraciones de judíos y cristianos.
Para volver a sus orígenes en la vida de Jesús, puedes leer Abba: cómo Jesús llamaba a Dios o el panorama completo en ¿Qué idioma hablaba Jesús?.
Ruta de estudio: la lengua de Jesús
Este artículo forma parte de la serie sobre el idioma de Yeshúa. Puedes recorrerla completa en este orden:
- ¿Qué idioma hablaba Jesús? Arameo, hebreo y el mundo lingüístico de Galilea (pilar)
- ¿Cómo se llamaba Jesús en realidad? Yeshúa, su nombre en hebreo y arameo
- El Padre Nuestro en arameo: reconstrucción, significado y raíces judías
- «Eloi, Eloi, lema sabachthani»: qué significa y por qué Jesús lo dijo en arameo
- Palabras arameas en el Nuevo Testamento: Talitha kum, Effatha, Maranatha y otras huellas de la voz de Jesús
- Abba: el significado de la palabra con la que Jesús llamaba a Dios
- ¿Se sigue hablando arameo hoy? Maalula y las comunidades que conservan la lengua de Jesús (estás aquí)
- Los nombres de los apóstoles en hebreo y arameo: Shimón, Yaakov, Yojanán y los Doce
- La educación de un niño judío en tiempos de Jesús: del bet sefer al bet midrash
- ¿Qué es el Targum? Las traducciones arameas de la Torá en la sinagoga de Jesús