El Nuevo Testamento está escrito en griego de principio a fin. Y, sin embargo, en sus páginas hay decenas de palabras que no son griegas: términos arameos y hebreos que los evangelistas y los apóstoles copiaron tal cual, a veces con una traducción al lado y a veces sin ella. Talitha kum. Effatha. Abba. Maranatha. Gólgota. Getsemaní. Son como piedras de otro color incrustadas en un mosaico: fragmentos de la lengua real de Jesús que sobrevivieron al paso del arameo al griego.
Estas palabras no están ahí por casualidad. Cada una tiene una razón para haberse conservado: porque era una palabra de poder pronunciada en una curación, porque era un nombre de lugar que todo el mundo conocía, porque formaba parte de la oración de las primeras comunidades o porque su sonido tenía algo que ninguna traducción podía reproducir. En el pilar ¿Qué idioma hablaba Jesús? presentamos algunas de ellas; aquí las reunimos todas, con su significado, su contexto y lo que nos revelan.
Lo más asombroso es esto: si juntamos todas estas palabras, podemos reconstruir un mapa de la vida de Jesús en su propia lengua. Hay palabras de su intimidad con Dios, palabras de sus milagros, palabras de sus discípulos, palabras de su muerte y palabras de la esperanza de sus seguidores. Es una biografía en miniatura escrita en arameo, escondida dentro de un libro griego.
Por qué hay palabras arameas en un texto griego
Antes de entrar en la lista conviene entender el fenómeno. Los evangelios se escribieron entre unos treinta y setenta años después de la muerte de Jesús, en griego koiné, para comunidades del Mediterráneo oriental. Pero las tradiciones que recogen procedían de testigos que hablaban arameo: los discípulos galileos y la primera comunidad de Jerusalén.
Cuando esas tradiciones se tradujeron al griego, la mayoría de las palabras se tradujeron sin dejar rastro. Algunas, sin embargo, se mantuvieron. Los especialistas distinguen varios motivos:
- Palabras de especial carga emocional o religiosa, como Abba o Eloi, cuyo sonido original se consideraba inseparable de su significado.
- Fórmulas pronunciadas en milagros, que la comunidad recordaba con sus sonidos exactos.
- Topónimos, nombres de lugares que no se traducen, como no traducimos hoy «Los Ángeles».
- Nombres y apodos de personas, que se transmitían en su forma original.
- Términos litúrgicos que las primeras comunidades cristianas usaban en su oración, incluso las de habla griega.
El evangelio de Marcos, el más antiguo, es el que conserva más palabras arameas. Mateo y Lucas, que escribieron después usando a Marcos como fuente, eliminaron varias de ellas, quizá porque sus lectores ya no las entendían.
Palabras de los milagros de Jesús
Talitha kum: «niña, levántate»
En Marcos 5:41, Jesús entra en la casa de Jairo, el jefe de la sinagoga, cuya hija de doce años acaba de morir. Toma la mano de la niña y le dice: «Talitha kum», que el evangelista traduce: «Niña, a ti te digo, levántate».
Talitha (טליתא) es la forma femenina de talya, «cordero», «joven», y se usaba con ternura para referirse a una niña o muchacha: algo así como «corderita», «pequeña». Kum (קום, en femenino kumi) significa «levántate». Algunos manuscritos griegos escriben koumi, que es la forma gramaticalmente correcta para dirigirse a una mujer.
Es una de las escenas más tiernas de los evangelios, y el arameo lo deja ver: Jesús no pronuncia una fórmula mágica, sino las palabras con las que una madre despertaría a su hija por la mañana.
Effatha: «ábrete»
En Marcos 7:34, Jesús cura a un sordo que apenas podía hablar, en la región de la Decápolis. Le mete los dedos en los oídos, le toca la lengua, levanta los ojos al cielo, suspira y le dice: «Effatha», es decir, «ábrete».
La palabra corresponde a la forma aramea ethpthaj o ippataj (del verbo petaj, «abrir»). La asimilación de la t produce el sonido doble que el griego transcribe como effatha. La escena tuvo tanta fuerza que, siglos después, la liturgia del bautismo en la tradición latina incorporó el «rito del Effetá», en el que el sacerdote toca los oídos y la boca del bautizado pronunciando esta palabra.
Palabras de la relación de Jesús con Dios
Abba: «Padre»
Abba aparece en Marcos 14:36, en la oración de Getsemaní: «Abba, Padre, todo te es posible; aparta de mí esta copa». Lo sorprendente es que también aparece en dos cartas de Pablo escritas a comunidades de habla griega (Romanos 8:15; Gálatas 4:6), lo que demuestra que los primeros cristianos no judíos conservaban esta palabra aramea en su oración. Le dedicamos un estudio completo en Abba, el significado de cómo Jesús llamaba a Dios.
Eloi, Eloi, lema sabachthani
El grito de Jesús en la cruz (Marcos 15:34), cita del Salmo 22 en arameo: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?». Lo analizamos en profundidad en «Eloi, Eloi, lema sabachthani»: qué significa.
Amén y Hosanna
Estas dos palabras son en realidad hebreas, aunque se usaban igualmente en el arameo de la época. Amén (אמן) viene de la raíz de la firmeza y la fidelidad (la misma de emuná, «fe»), y significa «así es», «ciertamente». Lo singular es que Jesús lo usa al principio de sus frases («Amén os digo…»), y no al final, como respuesta, que era el uso habitual en la liturgia judía. Este rasgo es tan característico que muchos especialistas lo consideran una marca personal de su forma de hablar.
Hosanna (הושיעה נא, hoshía na) significa «¡salva, por favor!» y procede del Salmo 118:25, un salmo del Hallel que se cantaba en las grandes fiestas, especialmente en Sucot, cuando se agitaban ramas de palmera. La multitud que recibió a Jesús en Jerusalén lo gritaba con ramas en las manos (Marcos 11:9). Fíjate en que hoshía comparte raíz con el nombre de Yeshúa, como explicamos en Yeshúa, el nombre original de Jesús. Sobre el contexto de esas fiestas, puedes leer las fiestas judías en la vida de Jesús.
Palabras de la enseñanza de Jesús
Raca: «cabeza hueca»
En el Sermón del Monte, Jesús advierte: «Cualquiera que diga a su hermano Raca será culpable ante el sanedrín» (Mateo 5:22). Reqá (ריקא) significa «vacío» y era un insulto común, algo así como «cabeza hueca», «inútil». Jesús lo usa para mostrar que la Torá no solo prohíbe matar, sino también despreciar al prójimo. La comparación con el tribunal judío supremo tiene sentido en el contexto que explicamos en el Sanedrín en tiempos de Jesús.
Mammón: «riqueza»
«No podéis servir a Dios y a Mammón» (Mateo 6:24; Lucas 16:13). Mamoná (ממונא) significa simplemente «dinero», «bienes», «posesiones». La palabra aparece con frecuencia en la literatura rabínica y en el Targum. La tradición cristiana medieval la convirtió en el nombre de un demonio de la avaricia, pero en arameo era una palabra cotidiana. La fuerza de la frase de Jesús está precisamente en personificar algo tan común como el dinero, presentándolo como un amo rival de Dios.
Corbán: «ofrenda»
En Marcos 7:11, Jesús critica una práctica por la cual alguien podía declarar sus bienes corbán (qorbán, «ofrenda consagrada al Templo») y librarse así de la obligación de ayudar a sus padres. El término procede del vocabulario técnico de los votos, regulado en la Mishná en el tratado Nedarim. Allí se ve que los propios sabios discutían este tipo de abusos y buscaban formas de anular votos que perjudicaban a los padres (Nedarim 9:1). La discusión de Jesús se sitúa dentro del debate halájico de su tiempo, que analizamos en Jesús y la halajá.
Rabí y Rabuní: «mi maestro»
Rab significa «grande» y, en el uso de la época, «maestro». Rabbí es «mi maestro» y Rabbuní (o Rabboní), una forma más enfática o afectuosa. Bartimeo, el ciego de Jericó, lo llama Rabbuní (Marcos 10:51), y María Magdalena lo reconoce con esa misma palabra ante el sepulcro vacío (Juan 20:16). Es el tratamiento que define la relación de Jesús con sus discípulos, la de maestro y alumnos que explicamos en Jesús, maestro judío de la Torá.
Palabras de los discípulos
Kefa: la roca
Simón recibe de Jesús un nuevo nombre: Kefa (כיפא), «piedra», «roca», que en griego se tradujo como Petros y en español como Pedro. Pablo, en sus cartas, lo llama casi siempre Cefas (Kēphas), con la forma aramea (1 Corintios 1:12; Gálatas 2:9). Juan 1:42 conserva la escena completa: «Tú eres Simón, hijo de Juan; tú serás llamado Cefas, que quiere decir Pedro».
Boanerges: «hijos del trueno»
Jesús llamó a los hermanos Santiago y Juan Boanerges, que Marcos traduce como «hijos del trueno» (Marcos 3:17). La transcripción griega es extraña y ha dado lugar a muchas propuestas, pero la más aceptada es bené reges o bené rogez, «hijos de la conmoción, del estruendo». El apodo encaja con su carácter impetuoso: son los que propusieron hacer bajar fuego del cielo sobre una aldea samaritana (Lucas 9:54).
Tomás: el gemelo
Tomás viene del arameo Te’omá (תאומא), «gemelo». El evangelio de Juan lo traduce varias veces: «Tomás, llamado Dídimo», que en griego también significa «gemelo» (Juan 11:16; 20:24).
Bar-: los patronímicos
Muchos nombres del Nuevo Testamento empiezan por bar, «hijo de» en arameo (en hebreo, ben): Bartolomé (bar Talmai), Bartimeo (bar Timai), Barjona («hijo de Jonás», Mateo 16:17), Barsabás, Barnabás y el propio Barrabás, bar Abba, literalmente «hijo del padre». Analizamos todos estos nombres en los nombres de los apóstoles en hebreo.
Tabitá: la gacela
En Hechos 9:36, Pedro resucita en Jope a una discípula llamada Tabitá, «que traducido quiere decir Dorcás», es decir, «gacela» en arameo y en griego respectivamente. Pedro le dice: «Tabitá, levántate» (Hechos 9:40), una frase que suena casi igual que el Talitha kum de su maestro.
Palabras de lugares
Gólgota: el lugar de la calavera
Gólgota viene del arameo Gulgultá (גלגלתא), «cráneo», «calavera». Los evangelios lo traducen: «el lugar llamado Gólgota, que significa lugar de la Calavera» (Marcos 15:22). La traducción latina de «calavera», calvaria, es el origen de nuestra palabra Calvario. El nombre probablemente se debía a la forma redondeada de la roca, aunque hay otras explicaciones.
Getsemaní: la prensa de aceite
Getsemaní procede de Gat shemaním, «prensa de aceites». Era un huerto de olivos al pie del monte de los Olivos, donde había, con toda probabilidad, una prensa para extraer el aceite de las aceitunas. La imagen es poderosa: el lugar donde Jesús fue «prensado» por la angustia antes de su arresto llevaba el nombre de la herramienta que exprime el aceite.
Gabbatá y Akeldamá
Gabbatá (Juan 19:13), «lugar elevado», es el nombre arameo del enlosado donde Pilato juzgó a Jesús, llamado en griego Lithóstrotos. Akeldamá (Hechos 1:19), Jaqel demá, significa «campo de sangre», el terreno comprado con el dinero de Judas.
Betesda y Siloé
La piscina de Betesda (Beit Jesdá, «casa de la misericordia», Juan 5:2) y la de Siloé (Shiloaj, «enviado», Juan 9:7) son dos lugares de curación en Jerusalén, cuyos restos han sido excavados por los arqueólogos. El propio evangelio de Juan juega con el significado de Siloé: «que traducido es Enviado».
Maranatha: la oración de los primeros cristianos
Terminamos con una de las palabras más importantes, aunque no la pronunció Jesús. Al final de su primera carta a los Corintios, Pablo escribe en arameo: «Maranatha» (1 Corintios 16:22).
La palabra admite dos lecturas, según cómo se separe:
- Maran athá: «nuestro Señor ha venido» o «nuestro Señor viene».
- Marana thá: «¡Señor nuestro, ven!».
La segunda lectura es la más aceptada, porque coincide con el final del Apocalipsis: «Ven, Señor Jesús» (Apocalipsis 22:20). Además, la Didajé (10:6), uno de los textos cristianos más antiguos fuera del Nuevo Testamento, la incluye en su oración eucarística.
Su importancia histórica es enorme. Pablo escribe a una comunidad griega de Corinto, y aun así usa una fórmula aramea sin traducirla. Eso significa que Maranatha era una expresión litúrgica que venía de la primera comunidad de Jerusalén, de habla aramea, y que se había difundido por todas las comunidades. Es una de las oraciones cristianas más antiguas que conocemos, y nació en arameo, entre judíos que esperaban el regreso de su maestro.
Lo que nos enseñan estas palabras
Reunidas, las palabras arameas del Nuevo Testamento cuentan una historia coherente. Nos muestran a un Jesús que:
- Oraba en arameo, llamando a Dios Abba y citando los Salmos en su lengua materna.
- Curaba con palabras sencillas y cotidianas, como Talitha kum o Effatha.
- Enseñaba con el vocabulario de la vida diaria: el dinero (mamoná), los insultos (reqá), las ofrendas (qorbán).
- Ponía apodos a sus discípulos en arameo, con humor y con intención: Kefa, Boanerges.
- Vivió y murió en lugares con nombres arameos: Getsemaní, Gabbatá, Gólgota.
Y nos muestran a unas primeras comunidades que, incluso al extenderse por el mundo griego, conservaron como un tesoro algunas palabras de la lengua de Jesús. El proceso por el que esa memoria se fue perdiendo después lo contamos en cómo Jesús perdió su contexto judío.
Preguntas frecuentes sobre las palabras arameas del Nuevo Testamento
¿Cuántas palabras arameas hay en el Nuevo Testamento?
No hay una cifra única, porque depende de si se cuentan los nombres propios y los topónimos. Las expresiones arameas propiamente dichas son pocas (una docena larga), pero si se incluyen nombres de personas y lugares, el número supera holgadamente el centenar.
¿Qué significa «Talitha kum»?
Significa «niña, levántate». Talitha es un término cariñoso para una niña o muchacha, y kum (o kumi) significa «levántate». Jesús lo dijo a la hija de Jairo (Marcos 5:41).
¿Qué significa «Maranatha»?
Probablemente «¡Señor nuestro, ven!». Es una oración aramea de las primeras comunidades cristianas que Pablo cita en 1 Corintios 16:22.
¿Qué significa «Effatha»?
Significa «ábrete». Jesús lo dijo al curar a un sordomudo en la Decápolis (Marcos 7:34).
¿Por qué Marcos tiene más palabras arameas que los demás evangelios?
Porque es el evangelio más antiguo y conserva más de cerca la tradición oral. Mateo y Lucas, que lo usaron como fuente, eliminaron muchas de esas palabras para sus lectores de habla griega.
Conclusión: los fósiles de una voz
Las palabras arameas del Nuevo Testamento son pequeñas, pero su valor es incalculable. Son lo más cerca que podemos estar de oír a Yeshúa hablando a una niña muerta, a un sordo, a sus discípulos, a su Padre. Y nos recuerdan que debajo del griego de los evangelios late otra lengua, la de Galilea, la de la sinagoga, la de una familia judía de Nazaret.
Para profundizar en esa lengua, puedes seguir con el Padre Nuestro en arameo o volver al panorama completo en ¿Qué idioma hablaba Jesús?.
Ruta de estudio: la lengua de Jesús
Este artículo forma parte de la serie sobre el idioma de Yeshúa. Puedes recorrerla completa en este orden:
- ¿Qué idioma hablaba Jesús? Arameo, hebreo y el mundo lingüístico de Galilea (pilar)
- ¿Cómo se llamaba Jesús en realidad? Yeshúa, su nombre en hebreo y arameo
- El Padre Nuestro en arameo: reconstrucción, significado y raíces judías
- «Eloi, Eloi, lema sabachthani»: qué significa y por qué Jesús lo dijo en arameo
- Palabras arameas en el Nuevo Testamento: Talitha kum, Effatha, Maranatha y otras huellas de la voz de Jesús (estás aquí)
- Abba: el significado de la palabra con la que Jesús llamaba a Dios
- ¿Se sigue hablando arameo hoy? Maalula y las comunidades que conservan la lengua de Jesús
- Los nombres de los apóstoles en hebreo y arameo: Shimón, Yaakov, Yojanán y los Doce
- La educación de un niño judío en tiempos de Jesús: del bet sefer al bet midrash
- ¿Qué es el Targum? Las traducciones arameas de la Torá en la sinagoga de Jesús