Abba: el significado de la palabra con la que Jesús llamaba a Dios

En la noche más oscura de su vida, en un huerto de olivos a las afueras de Jerusalén, Jesús cayó en tierra y oró. No usó ninguno de los grandes títulos con los que la liturgia se dirigía a Dios: no dijo «Señor de los ejércitos», ni «Rey del universo», ni «Santo, bendito sea». Dijo una sola palabra aramea, la primera que aprendían a pronunciar los niños de Galilea: «Abba» (Marcos 14:36). Esa palabra quedó tan grabada en la memoria de sus seguidores que, décadas después, comunidades de habla griega que nunca habían oído arameo seguían orando con ella.

Abba es, probablemente, la palabra más famosa de la lengua de Jesús. Ha inspirado sermones, libros de espiritualidad y hasta nombres de comunidades religiosas. Pero también ha sido objeto de una de las simplificaciones más extendidas de la divulgación bíblica: la idea de que Abba significa «papito» y de que ningún judío antes de Jesús se había atrevido a llamar así a Dios. La realidad es más rica y más interesante, y para entenderla hay que volver al arameo que se hablaba en Galilea, como hacemos en el pilar ¿Qué idioma hablaba Jesús?.

Porque el Talmud conserva una historia que pocos conocen: la de un sabio judío, nieto de un famoso hacedor de milagros, al que los niños de su ciudad perseguían gritando «¡Abba, Abba, danos lluvia!». Y él, en lugar de corregirlos, se dirigía a Dios pidiéndole que respondiera por amor a esos niños que no sabían distinguir entre el Abba que da la lluvia y el que no puede darla. Esa historia, escrita por rabinos, ilumina mejor que ningún tratado lo que significaba para un judío llamar «Abba» a Dios.

Qué significa Abba en arameo

Abba (אבא) es la palabra aramea para «padre». Gramaticalmente, es la forma enfática o determinada del sustantivo ab, «padre», y significa a la vez «el padre» y, en el uso vocativo, «¡padre!» o «padre mío». En el arameo de la época de Jesús, había perdido en buena medida su valor de artículo y funcionaba como la forma normal de dirigirse al propio padre.

La palabra pasó también al hebreo de la época del Segundo Templo y de la Mishná, donde convive con la forma hebrea clásica avi, «mi padre». En el hebreo israelí actual, abba es la palabra corriente con la que cualquier persona, niño o adulto, se dirige a su padre.

Su sonido es sencillo: dos sílabas abiertas, con la consonante labial que los bebés pronuncian entre las primeras. Por eso aparece, con pequeñas variantes, en muchas lenguas del mundo. En las lenguas semíticas, la pareja abba / imma («papá» / «mamá») forma parte del vocabulario más básico de la vida familiar.

¿Abba significa «papá» o «papito»?

En la segunda mitad del siglo XX, el gran exégeta alemán Joachim Jeremias popularizó una tesis muy influyente. Según él, Abba era una palabra del lenguaje infantil, equivalente a «papá» o «papito», y su uso por parte de Jesús para dirigirse a Dios no tenía paralelos en el judaísmo antiguo. Jesús habría inaugurado así una relación con Dios de una intimidad sin precedentes. La idea se difundió enormemente en la predicación cristiana.

En 1988, el lingüista James Barr publicó un artículo con un título elocuente, Abba isn’t Daddy («Abba no es papito»), que obligó a matizar esa tesis. Barr demostró que, en el arameo de la época, abba no era una palabra exclusiva de los niños pequeños: la usaban también los hijos adultos para dirigirse a su padre, y se empleaba en contextos formales y solemnes. El propio Jeremias, de hecho, ya había matizado su postura en sus últimos trabajos.

La conclusión de la investigación actual es equilibrada: Abba es una palabra familiar y afectuosa, la palabra que se usaba en la intimidad de la casa, pero no infantil. Se parece más a nuestro «padre» dicho con cariño, o a «papá» dicho por un adulto, que a «papito». Expresa cercanía, confianza y respeto a la vez.

¿Llamaban los judíos «Padre» a Dios antes de Jesús?

Sí, y con frecuencia. La idea de Dios como Padre está profundamente arraigada en la Biblia hebrea y en la oración judía.

En la Biblia hebrea

  • Dios llama a Israel «mi hijo, mi primogénito» (Éxodo 4:22).
  • «¿No es él tu padre, que te creó?» (Deuteronomio 32:6).
  • «Tú eres nuestro Padre, aunque Abraham no nos conozca» (Isaías 63:16).
  • «Ahora, pues, Señor, tú eres nuestro Padre; nosotros somos el barro y tú el alfarero» (Isaías 64:8).
  • «Yo seré para él un padre y él será para mí un hijo», dice Dios sobre el descendiente de David (2 Samuel 7:14).
  • «Como un padre se compadece de sus hijos, así se compadece el Señor de los que le temen» (Salmo 103:13).

En la literatura del Segundo Templo

El libro del Eclesiástico, o Sirácida, escrito hacia el 180 a. C., contiene una oración en la que el sabio se dirige a Dios como «Señor, Padre y dueño de mi vida» (Eclesiástico 23:1.4). En el libro de la Sabiduría, el justo «se gloría de tener a Dios por Padre» (Sabiduría 2:16). Y en los textos de Qumrán aparece una oración que dice: «Padre mío y Dios mío, no me abandones en manos de las naciones» (4Q372).

En la Mishná y en la oración rabínica

La expresión «nuestro Padre que está en los cielos» (Avinu shebashamáyim) es típicamente rabínica. Rabí Akiva, a comienzos del siglo II, enseñaba: «Dichosos vosotros, Israel: ¿ante quién os purificáis y quién os purifica? Vuestro Padre que está en los cielos» (Mishná, Yomá 8:9). Y la Mishná termina el tratado Sotá con una pregunta dramática sobre los tiempos difíciles: «¿En quién podremos apoyarnos? En nuestro Padre que está en los cielos» (Sotá 9:15).

La oración más famosa con esta invocación es Avinu Malkenu, «Padre nuestro, Rey nuestro», que todavía hoy se recita en los días de penitencia entre Rosh Hashaná y Yom Kipur. El Talmud atribuye su origen a Rabí Akiva, que la pronunció durante una sequía: «Padre nuestro, Rey nuestro, no tenemos otro rey fuera de ti; Padre nuestro, Rey nuestro, por tu causa, ten piedad de nosotros». Y, dice el texto, la lluvia cayó (Taanit 25b). Encontrarás más sobre esos días santos en las fiestas judías en la vida de Jesús.

Es decir, la novedad de Jesús no estaba en llamar «Padre» a Dios. Esa era una herencia de su pueblo.

La historia de Janán ha-Nejbá: «Abba, danos lluvia»

Volvamos a la historia del principio, que se encuentra en el Talmud de Babilonia (Taanit 23b). En la Galilea y la Judea del siglo I a. C. vivió un hombre santo llamado Joni ha-Me‘aguel, «Joni el que traza círculos», famoso porque, durante una sequía, trazó un círculo en el suelo y se negó a salir de él hasta que Dios enviara la lluvia. Su historia ya aparece en la Mishná (Taanit 3:8), y el historiador Flavio Josefo también lo menciona.

Su nieto, Janán ha-Nejbá («Janán el escondido», por su humildad), heredó la fama de su abuelo. El Talmud cuenta que, cuando el mundo necesitaba lluvia, los rabinos le enviaban a los niños de la escuela, y los niños se agarraban a los bordes de su manto gritando: «¡Abba, Abba, danos lluvia!». Y Janán oraba así:

«Señor del mundo, hazlo por estos que no saben distinguir entre el Abba que da la lluvia y el Abba que no da la lluvia».

La historia es preciosa por varias razones. Muestra que Abba era la forma natural con la que los niños llamaban a un hombre venerado, mayor y protector. Muestra que se podía aplicar esa misma palabra a Dios en la oración. Y sitúa este lenguaje en el ámbito de los hombres santos carismáticos de Galilea, entre los que el historiador judío Géza Vermes situó también, con sus diferencias, la figura de Jesús.

Abba como título de respeto entre los sabios

Otro dato importante: en la tradición rabínica, Abba se usaba como título de honor para algunos sabios. La Mishná y el Talmud mencionan a Abba Shaúl, Abba Jilquiyá (otro nieto de Joni, famoso por sus oraciones por la lluvia) y Abba Yosé ben Janán, entre otros. Llamar a alguien Abba era reconocerlo como figura paterna espiritual de la comunidad.

Este uso ayuda a entender una enseñanza de Jesús en Mateo 23:8-9: «Vosotros no os hagáis llamar Rabí, porque uno es vuestro Maestro… Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra, porque uno es vuestro Padre, el que está en los cielos». Jesús reacciona contra el uso de títulos honoríficos como Rabbí y Abba para los maestros humanos, y reserva la paternidad espiritual a Dios. Esta discusión tiene sentido dentro de la cultura de maestros y discípulos que describimos en Jesús, maestro judío de la Torá.

Abba en Getsemaní

En el Nuevo Testamento, Jesús pronuncia Abba explícitamente una sola vez, en Getsemaní: «Abba, Padre, todo te es posible; aparta de mí esta copa; pero no lo que yo quiero, sino lo que tú quieras» (Marcos 14:36).

El contexto es decisivo. Es la noche de Pésaj, después de la cena con sus discípulos; Jesús sabe que va a ser arrestado. Su oración tiene dos movimientos: la súplica sincera de ser librado del sufrimiento y la aceptación de la voluntad de Dios. Y empieza con Abba, la palabra de la confianza filial.

Marcos escribe Abba y añade inmediatamente la traducción griega, ho patēr, «el Padre». Esta doble fórmula, aramea y griega, se convirtió en una fórmula litúrgica: la encontramos idéntica en Pablo. El nombre del lugar donde se pronunció, Getsemaní, «prensa de aceite», también es arameo; lo explicamos en las palabras arameas del Nuevo Testamento.

Muchos especialistas piensan que, aunque solo esta vez aparece la palabra aramea, detrás de muchas otras ocasiones en que los evangelios dicen que Jesús oró llamando a Dios «Padre» (Pater) estaba también Abba. La más importante es el comienzo del Padre Nuestro según Lucas, que analizamos en el Padre Nuestro en arameo.

Abba en las cartas de Pablo

Lo más sorprendente es que la palabra aramea aparece en dos cartas de Pablo dirigidas a comunidades de habla griega:

  • Gálatas 4:6: «Y por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, el cual clama: ¡Abba, Padre!».
  • Romanos 8:15: «Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre!».

Pablo da por hecho que los gálatas y los romanos conocen esta expresión. Eso significa que la invocación Abba había pasado de la comunidad aramea de Jerusalén a las comunidades griegas como una fórmula de oración, probablemente pronunciada en voz alta en las reuniones. Es uno de los pocos rastros directos del arameo de Jesús en la liturgia de los primeros cristianos, junto con Maranatha.

Para Pablo, poder decir Abba es la señal de que los creyentes participan de la misma relación filial que tenía Jesús con Dios. La palabra de la intimidad de Yeshúa se convirtió en la palabra de sus seguidores.

Lo que sí era especial en el «Abba» de Jesús

Si llamar «Padre» a Dios no era una novedad, ¿qué tenía de especial el uso de Jesús? Los especialistas actuales, después de matizar la tesis de Jeremias, suelen señalar varios rasgos:

  • La frecuencia. Los evangelios presentan a Jesús llamando a Dios «Padre» de forma constante y casi exclusiva en sus oraciones, más que cualquier otra figura conocida de su tiempo.
  • La forma directa y personal. En la oración litúrgica judía, la invocación habitual era «nuestro Padre», en plural y comunitaria. Jesús usa además «mi Padre» o simplemente «Padre», en una relación directa.
  • La transmisión a los discípulos. Jesús enseña a sus discípulos a orar del mismo modo, empezando por «Padre».
  • El contexto de la prueba. En Getsemaní, Abba aparece en el momento de máxima angustia, como expresión de confianza absoluta.

Nada de esto saca a Jesús del judaísmo. Al contrario: lo sitúa en la corriente de piedad que va de los Salmos a los hombres santos de Galilea, como Joni y su nieto Janán, y que se expresa en Avinu Malkenu. Pero dentro de esa corriente, su forma de dirigirse a Dios tenía una intensidad que sus discípulos nunca olvidaron.

Abba y la imagen de Dios en el judaísmo

Para la tradición judía, la paternidad de Dios va unida a su realeza. Avinu Malkenu, «Padre nuestro, Rey nuestro», expresa esa tensión: Dios está cerca como un padre y, a la vez, es soberano como un rey. Los sabios desarrollaron esta idea en numerosas parábolas de «un rey que tenía un hijo», un género que Jesús también usó, como explicamos en las parábolas de Jesús y la tradición rabínica.

Esta doble dimensión aparece igualmente en el Padre Nuestro, que une la invocación familiar («Padre») con la petición del Reino («venga tu reino»). El Abba de Jesús no es un Dios domesticado, sino el Dios de Israel, el Santo, invocado con la confianza de un hijo.

Preguntas frecuentes sobre Abba

¿Qué significa Abba?

Abba es la palabra aramea para «padre». Es la forma familiar y afectuosa con que los hijos, niños o adultos, se dirigían a su padre.

¿Abba significa «papito»?

No exactamente. Es una palabra familiar, pero no infantil. Los estudios del lingüista James Barr demostraron que la usaban también los adultos. Su equivalente más cercano sería «padre» dicho con cariño o «papá» dicho por un adulto.

¿Dónde aparece Abba en la Biblia?

Tres veces en el Nuevo Testamento: en la oración de Jesús en Getsemaní (Marcos 14:36) y en dos cartas de Pablo (Romanos 8:15 y Gálatas 4:6), siempre en la fórmula «Abba, Padre».

¿Los judíos llamaban «Abba» a Dios?

La Biblia hebrea y la oración judía llaman a Dios «Padre» con frecuencia, y el Talmud conserva la historia de Janán ha-Nejbá, a quien los niños llamaban «Abba» mientras él pedía la lluvia a Dios. El uso frecuente y directo de Abba en la oración personal es, sin embargo, un rasgo característico de Jesús.

¿Cómo se dice «Padre» en hebreo?

En hebreo bíblico, av («padre») y avi («mi padre»). En hebreo moderno se usa también abba, tomado del arameo, como palabra corriente para «papá».

Conclusión: la palabra de la confianza

Abba resume en dos sílabas la relación de Yeshúa con Dios: una relación de confianza, de cercanía y de obediencia, expresada con la palabra más sencilla de su lengua materna. No fue una ruptura con el judaísmo, sino una forma intensa y personal de vivir lo que la Biblia hebrea y la oración de Israel ya decían: que el Dios del cielo es también Padre.

Para escuchar otras palabras de Jesús en su lengua, sigue con Eloi, Eloi, lema sabachthani o vuelve al panorama completo en ¿Qué idioma hablaba Jesús?.


Ruta de estudio: la lengua de Jesús

Este artículo forma parte de la serie sobre el idioma de Yeshúa. Puedes recorrerla completa en este orden:

  1. ¿Qué idioma hablaba Jesús? Arameo, hebreo y el mundo lingüístico de Galilea (pilar)
  2. ¿Cómo se llamaba Jesús en realidad? Yeshúa, su nombre en hebreo y arameo
  3. El Padre Nuestro en arameo: reconstrucción, significado y raíces judías
  4. «Eloi, Eloi, lema sabachthani»: qué significa y por qué Jesús lo dijo en arameo
  5. Palabras arameas en el Nuevo Testamento: Talitha kum, Effatha, Maranatha y otras huellas de la voz de Jesús
  6. Abba: el significado de la palabra con la que Jesús llamaba a Dios (estás aquí)
  7. ¿Se sigue hablando arameo hoy? Maalula y las comunidades que conservan la lengua de Jesús
  8. Los nombres de los apóstoles en hebreo y arameo: Shimón, Yaakov, Yojanán y los Doce
  9. La educación de un niño judío en tiempos de Jesús: del bet sefer al bet midrash
  10. ¿Qué es el Targum? Las traducciones arameas de la Torá en la sinagoga de Jesús

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