¿Qué es el Targum? Las traducciones arameas de la Torá en la sinagoga de Jesús

Imagina una sinagoga de Galilea un sábado por la mañana del siglo I. Un hombre se levanta, desenrolla el rollo de la Torá y lee un versículo en hebreo. Inmediatamente, otro hombre, de pie a su lado, sin mirar ningún texto escrito, lo repite en arameo para que todos lo entiendan. Y así, versículo a versículo, la Palabra pasa de la lengua sagrada a la lengua del pueblo. Esa traducción viva, pronunciada en voz alta, se llamaba Targum, y fue durante siglos el puente entre la Escritura y la vida de los judíos que, como Jesús, hablaban arameo en casa.

El Targum es una de las claves más importantes y menos conocidas para entender el Nuevo Testamento. Muchas frases de Jesús que parecen alejarse ligeramente del texto bíblico hebreo coinciden, sorprendentemente, con la forma en que el Targum lo interpretaba. Jesús no solo conocía la Torá en hebreo: la había escuchado, desde niño, explicada en arameo en la sinagoga de Nazaret. Es una pieza esencial del mundo lingüístico que describimos en el pilar ¿Qué idioma hablaba Jesús?.

Y aquí está el detalle que asombra a los investigadores: cuando Jesús cita al profeta Isaías para explicar por qué enseña en parábolas, su cita termina con la frase «para que no se conviertan y sean perdonados» (Marcos 4:12). El texto hebreo de Isaías no dice «perdonados», sino «sanados». Pero el Targum de Isaías, la versión aramea que se leía en las sinagogas, dice exactamente lo mismo que Jesús: «y les sea perdonado». En ese pequeño detalle se esconde una huella directa de la Biblia que Yeshúa escuchaba los sábados.

Qué significa la palabra Targum

Targum (תרגום) significa sencillamente «traducción» en arameo y en hebreo rabínico. El verbo targem significa «traducir», «interpretar», y la persona que realizaba la traducción en la sinagoga se llamaba meturgemán, «traductor», «intérprete». El plural es targumim.

Aunque la palabra puede referirse a cualquier traducción, en el uso tradicional se refiere específicamente a las traducciones arameas de la Biblia hebrea, tanto las que se pronunciaban oralmente en la sinagoga como las que se pusieron por escrito y se conservan hoy.

El origen: Esdras y la lectura de la Torá

La tradición judía sitúa el origen del Targum en una escena del libro de Nehemías. Tras el regreso del exilio de Babilonia, el escriba Esdras reúne al pueblo en Jerusalén y lee la Torá desde una tarima de madera, desde el amanecer hasta el mediodía. Y el texto dice: «Leían en el libro de la Ley de Dios claramente, y ponían el sentido, de modo que entendiesen la lectura» (Nehemías 8:8).

El Talmud interpreta cada palabra de este versículo y afirma que «ponían el sentido» se refiere precisamente al Targum (Meguilá 3a; Nedarim 37b). Según esta tradición, ya en la época de Esdras, en el siglo V a. C., una parte del pueblo no entendía bien el hebreo bíblico, porque durante el exilio había adoptado el arameo, la gran lengua del imperio. Hacía falta traducir y explicar.

Los historiadores no pueden confirmar que el Targum como institución se remonte exactamente a Esdras, pero la escena refleja bien la necesidad que le dio origen: un pueblo cuya lengua cotidiana ya no era la de sus Escrituras.

Cómo funcionaba el Targum en la sinagoga

La Mishná, compilada hacia el año 200 d. C. pero basada en tradiciones anteriores, regula con mucho detalle cómo debía hacerse la lectura con Targum en la sinagoga:

  • En la lectura de la Torá, el lector leía un versículo y el traductor lo traducía; luego el siguiente versículo, y así sucesivamente.
  • En la lectura de los Profetas (la haftará), se permitía leer hasta tres versículos seguidos antes de la traducción (Mishná, Meguilá 4:4).

El Talmud de Jerusalén añade normas muy significativas. El traductor no debía leer el Targum de un texto escrito, sino pronunciarlo de memoria, y el lector no debía mirar al traductor, ni el traductor apoyarse en el rollo. La razón: había que distinguir claramente entre la Torá escrita, que se lee del rollo, y su interpretación oral, que se transmite de viva voz. Lo escrito, por escrito; lo oral, oralmente (Talmud de Jerusalén, Meguilá 4:1).

Además, el traductor no debía alzar la voz más que el lector, para que la traducción no pareciera tener más autoridad que el texto sagrado.

Los pasajes que no se traducían

La Mishná enumera algunos pasajes bíblicos que se leían en hebreo pero no se traducían al arameo, o que ni siquiera se leían en público, por su carácter delicado (Meguilá 4:10). Entre ellos están el episodio de Rubén con la concubina de su padre (Génesis 35:22), el segundo relato del becerro de oro y los episodios de David y su hijo Amnón. La razón era pedagógica y moral: evitar que el pueblo, al oírlos en su lengua sin explicación, sacara conclusiones equivocadas o se escandalizara.

Esta norma muestra hasta qué punto el Targum era una herramienta de enseñanza, no una traducción neutra.

Una traducción que interpreta

El Targum no era una traducción literal, palabra por palabra, como las que buscamos hoy en las ediciones académicas. Era una traducción interpretativa: aclaraba, explicaba, actualizaba y, a veces, ampliaba el texto. Sus rasgos más característicos son:

Evitar los antropomorfismos

Cuando la Biblia hebrea habla de Dios con rasgos humanos («Dios bajó», «Dios vio», «Dios se arrepintió»), el Targum suele suavizar la expresión. Por ejemplo, en lugar de decir que Dios «bajó», dice que «se reveló». Es una forma de proteger la trascendencia de Dios.

El uso de la «Memrá» y la «Shejiná»

Para no atribuir acciones directas a Dios, los targumim utilizan con frecuencia expresiones como la Memrá del Señor («la Palabra del Señor») o la Shejiná («la Presencia», «la morada» de Dios). Donde el hebreo dice «Dios dijo» o «Dios estuvo con él», el Targum dice a menudo «la Palabra del Señor» o «la Presencia del Señor».

Muchos estudiosos han señalado el parecido entre esta Memrá y el Logos, la «Palabra», con la que comienza el evangelio de Juan: «En el principio era el Verbo» (Juan 1:1). La relación exacta entre ambos conceptos se sigue debatiendo, pero es indudable que el lenguaje teológico de Juan tiene raíces judías, no solo griegas.

Añadir explicaciones y relatos

Algunos targumim, sobre todo los palestinos, incorporan dentro de la traducción ampliaciones narrativas: tradiciones, explicaciones, diálogos y relatos que no están en el texto hebreo, pero que formaban parte de la enseñanza oral. Funcionan como pequeñas homilías integradas en la traducción.

Leer en clave mesiánica

Varios targumim interpretan pasajes bíblicos en sentido mesiánico de forma explícita. El ejemplo más famoso es el Targum de Isaías, que en su versión de Isaías 52:13 añade la palabra «Mesías»: «He aquí que mi siervo, el Mesías, prosperará». Es una prueba de que, en el judaísmo antiguo, algunos textos proféticos se leían como anuncios del Mesías, aunque la interpretación concreta del Targum de este pasaje es muy distinta de la cristiana.

Los principales targumim que conservamos

Con el tiempo, las traducciones orales se pusieron por escrito. Hoy conservamos varios targumim, de épocas y lugares distintos:

Targum Onquelos

Es el Targum oficial de la Torá (el Pentateuco), adoptado por las academias de Babilonia. Es bastante literal y sobrio. Hasta hoy se imprime junto al texto hebreo en las ediciones tradicionales de la Torá, y existe la costumbre de leer cada semana la porción de la Torá dos veces en hebreo y una vez en Targum (shnaim miqrá veejad targum, Talmud de Babilonia, Berajot 8a). El Talmud lo atribuye a un prosélito llamado Onquelos (Meguilá 3a).

Targum Jonatán de los Profetas

Es el Targum oficial de los Profetas, atribuido por la tradición a Jonatán ben Uziel, discípulo de Hillel, contemporáneo de la generación anterior a Jesús (Meguilá 3a). Su redacción final es posterior, pero conserva tradiciones antiguas. Es el que contiene la lectura mesiánica de Isaías.

Los targumim palestinos

Son las traducciones que circulaban en la tierra de Israel, con un estilo más libre y más ampliado:

  • Targum Neofiti: un manuscrito completo de un Targum palestino de la Torá, copiado en el siglo XVI y conservado en la Biblioteca Vaticana. Durante siglos estuvo catalogado erróneamente como un ejemplar de Onquelos. Su verdadera naturaleza la reconoció en la década de 1950 el sacerdote y biblista español Alejandro Díez Macho, que lo dio a conocer al mundo y dirigió su edición completa (1968-1979). Es uno de los grandes aportes de la erudición española al estudio del judaísmo antiguo.
  • Targum Pseudo-Jonatán: un Targum de la Torá con muchas ampliaciones, atribuido erróneamente a Jonatán ben Uziel en la Edad Media.
  • Fragmentos de la Guenizá de El Cairo: restos de targumim palestinos encontrados en el almacén de manuscritos de una sinagoga de El Cairo.

Targumim en Qumrán

Entre los manuscritos del Mar Muerto se encontraron fragmentos de un Targum de Job (11QtgJob y 4QtgJob) y un pequeño fragmento de un Targum del Levítico (4QtgLev). Son la prueba de que ya antes del año 70 d. C., en la época de Jesús, existían traducciones arameas escritas de algunos libros bíblicos.

Conviene ser honestos con un problema: la datación de los targumim es muy discutida. Las versiones que conservamos se redactaron entre los siglos II y VII, o incluso después. Por eso los especialistas usan los targumim con prudencia como fuente para el siglo I. Sin embargo, muchos de ellos conservan tradiciones mucho más antiguas que su redacción final, y las coincidencias con el Nuevo Testamento son la mejor prueba de ello.

Huellas del Targum en las palabras de Jesús

Veamos algunos ejemplos en los que las palabras de Jesús coinciden con el Targum más que con el texto hebreo.

Isaías 6:9-10 en Marcos 4:12

Como vimos al principio, Jesús cita a Isaías para explicar el uso de parábolas. El hebreo dice: «…no sea que se conviertan y haya para ellos sanidad». Marcos 4:12 dice: «…para que no se conviertan y les sean perdonados los pecados». Y el Targum de Isaías dice: «…y se conviertan y les sea perdonado». La coincidencia con el Targum, y no con el hebreo ni con la traducción griega de la Septuaginta, es uno de los argumentos que el especialista Bruce Chilton desarrolló para mostrar que Jesús conocía tradiciones del Targum de Isaías. Lo comentamos también en las parábolas de Jesús y la tradición rabínica.

«Sed misericordiosos como vuestro Padre»

En el Sermón de la llanura, Jesús enseña: «Sed misericordiosos, como también vuestro Padre es misericordioso» (Lucas 6:36). En el Targum Pseudo-Jonatán, en su traducción de Levítico 22:28, encontramos una frase casi idéntica: «Pueblo mío, hijos de Israel, así como nuestro Padre es misericordioso en el cielo, así seréis vosotros misericordiosos en la tierra». La idea de imitar la misericordia de Dios es, además, una enseñanza rabínica clásica: «Así como Él es misericordioso, sé tú misericordioso» (Talmud de Babilonia, Shabat 133b). Sobre la forma en que Jesús llamaba «Padre» a Dios, puedes leer Abba: el significado.

«Con la medida con que medís»

«Con la medida con que medís, os será medido» (Mateo 7:2; Marcos 4:24) es una frase que aparece varias veces en los targumim palestinos, por ejemplo en el relato de Judá y Tamar (Génesis 38), y en la Mishná (Sotá 1:7: «con la medida con que el hombre mide, se le mide»). Jesús usa un proverbio que sus oyentes conocían de la sinagoga.

El Salmo 22 en arameo

Como explicamos en Eloi, Eloi, lema sabachthani, el grito de Jesús en la cruz usa el verbo arameo shebaq, el mismo que aparece en el Targum de los Salmos, en lugar del hebreo ‘azab.

Jesús en la sinagoga: lectura y explicación

La escena de Lucas 4:16-21 se entiende mejor a la luz del Targum. Jesús lee del rollo de Isaías y, después, se sienta y explica el texto. En la sinagoga del siglo I, la lectura de los Profetas iba acompañada de la traducción aramea y de una explicación o predicación. Jesús, después de leer, comienza: «Hoy se ha cumplido esta Escritura en vuestros oídos».

Además, el texto que cita Lucas (Isaías 61:1-2, con una frase de Isaías 58:6) no coincide exactamente ni con el hebreo ni con ninguna traducción conocida, sino que combina pasajes, como hacía la predicación sinagogal. Toda la escena refleja el funcionamiento de la sinagoga en tiempos de Jesús y la formación que describimos en la educación de un niño judío en tiempos de Jesús.

Por qué el Targum importa para entender a Jesús

El Targum nos recuerda que Jesús no leía la Biblia como un lector moderno, en una edición impresa y traducida. La recibió en una comunidad viva: la escuchaba en hebreo, la entendía en arameo, la oía explicada e interpretada en la sinagoga, y la discutía con otros maestros. Su forma de citar la Escritura, de interpretarla y de aplicarla está marcada por esa tradición oral.

Entender el Targum es, por tanto, entender cómo sonaba la Biblia en los oídos de Yeshúa y de sus discípulos. Y es también una prueba más de que el cristianismo naciente brotó del corazón de la sinagoga, antes de desplazarse al mundo griego, un proceso que analizamos en cómo Jesús perdió su contexto judío.

Preguntas frecuentes sobre el Targum

¿Qué es el Targum?

Es la traducción aramea de la Biblia hebrea, que en la sinagoga se pronunciaba oralmente junto a la lectura en hebreo, y que más tarde se puso por escrito.

¿Para qué servía el Targum?

Para que los judíos que hablaban arameo, y ya no dominaban el hebreo bíblico, entendieran la Escritura. Además, interpretaba y explicaba el texto.

¿Cuáles son los principales targumim?

El Targum Onquelos (Torá), el Targum Jonatán (Profetas), los targumim palestinos como Neofiti y Pseudo-Jonatán, y los fragmentos de Qumrán, como el Targum de Job.

¿Jesús conocía el Targum?

Muy probablemente conocía la práctica del Targum en la sinagoga. Algunas de sus palabras coinciden con tradiciones targúmicas, como su cita de Isaías 6:9-10 en Marcos 4:12.

¿Quién descubrió el Targum Neofiti?

El manuscrito se conservaba en la Biblioteca Vaticana. El biblista español Alejandro Díez Macho reconoció en la década de 1950 que era un Targum palestino completo y dirigió su edición.

Conclusión: la Biblia en la lengua de Jesús

El Targum fue el puente entre la Torá escrita en hebreo y el pueblo que hablaba arameo. En la sinagoga de Nazaret, cada sábado, Yeshúa escuchó la Palabra en las dos lenguas: la sagrada y la materna. Esa doble escucha dejó huella en su forma de enseñar y de citar las Escrituras.

Para completar el recorrido por la lengua de Jesús, puedes leer el Padre Nuestro en arameo o volver al panorama completo en ¿Qué idioma hablaba Jesús?.


Ruta de estudio: la lengua de Jesús

Este artículo forma parte de la serie sobre el idioma de Yeshúa. Puedes recorrerla completa en este orden:

  1. ¿Qué idioma hablaba Jesús? Arameo, hebreo y el mundo lingüístico de Galilea (pilar)
  2. ¿Cómo se llamaba Jesús en realidad? Yeshúa, su nombre en hebreo y arameo
  3. El Padre Nuestro en arameo: reconstrucción, significado y raíces judías
  4. «Eloi, Eloi, lema sabachthani»: qué significa y por qué Jesús lo dijo en arameo
  5. Palabras arameas en el Nuevo Testamento: Talitha kum, Effatha, Maranatha y otras huellas de la voz de Jesús
  6. Abba: el significado de la palabra con la que Jesús llamaba a Dios
  7. ¿Se sigue hablando arameo hoy? Maalula y las comunidades que conservan la lengua de Jesús
  8. Los nombres de los apóstoles en hebreo y arameo: Shimón, Yaakov, Yojanán y los Doce
  9. La educación de un niño judío en tiempos de Jesús: del bet sefer al bet midrash
  10. ¿Qué es el Targum? Las traducciones arameas de la Torá en la sinagoga de Jesús (estás aquí)

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